Joaquín Vila | Domingo 10 de febrero de 2008
Los homosexuales, que hasta hace unos años eran maltratados, vejados y hasta encarcelados, se han convertido, de pronto, por coraje y determinación, en uno de los "lobbies" más poderosos del mundo. Por desgracia, aún en los países totalitarios, como Cuba o China, siguen siendo perseguidos y torturados.
En España, por ejemplo, en el mundo de la cultura y especialmente en el cine, los homosexuales se han erigido en los protagonistas de muchas de las grandes obras, llegando incluso a lograr con toda justicia el máximo reconocimiento internacional, como es el Oscar de Hollywood.
Pero donde la presencia del "lobby" homosexual resulta abrumadora es en el mundo de la moda. Y ahí, ese poder puede llegar a ser perjudicial, al menos, en un aspecto: al elegir a las modelos, al elegir el tipo, y por lo tanto, el peso de la mujer que sube a la pasarela. Porque, seguramente sin darse cuenta, quienes toman esa decisión prefieren mujeres sin formas, sin curvas, extremadamente delgadas. Mujeres andróginas. Mujeres que no parecen mujeres.
Lo grave es que esas chicas que deambulan por las pasarelas, tan flacas, tan huesudas, que parecen recién liberadas de un campo de concentración nazi, representan el canon de la belleza para las jóvenes de todo el mundo. Millones de chicas capaces de cometer las mayores atrocidades, los mayores sacrificios físicos para parecerse a ellas. Es la fuerza de la imagen, la idiotez de la moda, pero, sobre todo, la tragedia de infinidad de mujeres que terminan encontrando la muerte o el desequilibrio psicológico en un proceso irreversible, en un camino sin vuelta atrás. Porque la anorexia se ha convertido en una de las enfermedades más difíciles de detectar y más extendidas en los últimos años.
En Madrid, en la Pasarela Cibeles, gracias a la determinación de Esperanza Aguirre, sólo desfilan aquellas modelos que se ajustan a unos parámetros mínimos de masa corporal. Ayer mismo, tres chicas británicas tuvieron que hacer las maletas de vuelta a las islas. Puede ser el principio de un largo camino. Pero hay que seguirlo hasta el final.
Sin duda, las víctimas de esta lacra son esa legión de jóvenes que sufre en sus carnes la dictadura de una moda absurda y tiránica. Mientras, los hombres, resignados, preocupados y tristes asistimos a la paulatina desaparición de las curvas en las mujeres. La moda no puede ser tan cruel.
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