Lucía Nieto | Miércoles 28 de enero de 2009
Seres anónimos, vidas de pueblo, vecinos de barrio, hijos, esposos, padres, pachangueros, vallenatos -gentilicio de la gente de Valledupar, ciudad capital del departamento del César, Colombia-, trabajadores, luchadores, mesías, salvadores, defensores, bárbaros, sádicos, asesinos. Dos cunas de “gente de bien”, dos vidas “acomodadas”, dos destinos paralelos, dos luchas enfrentadas que los convierten en enemigos y en seres crueles y sanguinarios, un solo destino final: la extradición a los USA, un billete de avión en clase “encadenado” y, la vecindad de celdas en una cárcel en los Estados Unidos.
Hablo de “Simón Trinidad”, Ricardo Palmera Pineda, comandante de las FARC, y de “Jorge 40”, Rodrigo Tovar Pupo, jefe paramilitar. Sólo100 metros separaban sus casas ubicadas sobre la misma calle señorial en su ciudad natal y, aunque 10 años de diferencia en edades los ponían en generaciones distintas, ambos cultivaron de jóvenes los mismos gustos por la parranda, la buena vida y las mujeres bellas y, dieron señales de liderazgo. Ricardo Palmera inició su andadura en las FARC a los 36 años, en1987 y, Rodrigo Tovar Pupo, se vinculó al paramilitarismo a los 37 años, en 1997. Ambos llegaron a ser jefes de estas dos organizaciones opuestas, pero de similares prácticas, sembrando el terror y la muerte en el país.
Al ser preguntado sobre sus razones para “irse al monte” como guerrillero, Simón Trinidad decía: Porque yo tengo que pensar más allá de mi mujer o de mis hijos. Y no soy yo solo. Somos todos los guerrilleros de este país que pensamos en todos los hermanos, en todos los padres, en todos los hijos que se acuestan sin saber si mañana podrán comer... participar en construir una alternativa política fue fruto de un análisis sereno al descubrir que la gran mayoría de los municipios no tiene alcantarillado, no poseen acueductos, y aquellos que los tienen no poseen agua tratada que genere condiciones de salud, el cuarenta por ciento de la tierra laborable de la región está en manos del dos por ciento de los propietarios de la tierra... hay que ocupar el puesto que la Patria exige a los ciudadanos que tienen dignidad y decoro…
Y, estas son las palabras de Jorge 40: Ante el hostigamiento de la guerrilla –secuestros, extorsión, robos, muertes- la sociedad de Valledupar comenzó a sentir miedo. El ejército se negaba a asumir el rol de defensa de los ciudadanos; el gobierno central, los medios y los intelectuales bogotanos poco interés mostraban por lo que ocurría en la provincia, ni se enteraban de que había un país fuera de Bogotá…. adoro mi tierra y a mi gente….yo quiero recuperar la estampa de los años de gloria para mi familia, me fui al monte por que tenía mucha rabia por dentro… simplemente ya no daba más…Y descubrí junto a un puñado de paisanos que el valor es el hijo mayor del miedo y las humillaciones…. Había que enfrentar a sangre y fuego a los guerrilleros
Son dos situaciones de vida que resumen la historia violenta de la Colombia periférica y ponen en evidencia a un solo ausente o, más claramente dicho, a un “no presente” y, por ende, responsable. Un Estado centralizado inexistente en las regiones, cuya ausencia generó vacíos que, al parecer, sin existir otra alternativa, fueron ocupados por la barbarie. Falló el Estado, nos dejó tirados en palabras del gobernador del departamento del César. Hace falta más que la acción de la justicia o la posibilidad de un acuerdo político para parar esta barbarie. Más, cuando en la actualidad las desigualdades sociales se han profundizado y el conflicto, en connivencia con el narcotráfico, ha generado múltiples y diseminadas zonas grises.
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