Opinión

Aval a Educación para la Ciudadanía

Jueves 29 de enero de 2009
El Pleno de la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo rechazaba ayer miércoles los recursos presentados por padres asturianos a los que el Tribunal Superior de Justicia de su comunidad había denegado inicialmente el derecho a la objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos -EpD-. Se esperaba una resolución desde el lunes -parece que todo lo que concierne a la justicia española lleva aparejada una insoslayable carga de lentitud-, y a la vista del resultado, 22 contra 7, extraña que se tardase nada menos que 20 horas en deliberar. Con todo, a los padres afectados aún les queda el recurso ante el Tribunal Constitucional, quienes ya han anunciado que lo presentarán a la mayor brevedad posible.

Por otro lado, la decisión del Supremo no ha entrado de lleno en el fondo de la cuestión, limitándose a afirmar que los reales decretos que regulan esta asignatura no lesionan el derecho de los padres a elegir la libre educación de los hijos. Nada que objetar a este argumento. De hecho, si se acude a la web del Ministerio de Educación y se consultan los contenidos de la asignatura, a más de uno le extrañará la enorme polémica que ha generado este asunto. Y es que el problema no está en la base, sino en su desarrollo. Las quejas de muchos padres se dirigían al tratamiento que en determinados manuales se daba al concepto de familia o a la influencia de la religión en la sociedad. Por desgracia, la educación sigue siendo muy tentadora para su utilización política, y bien es cierto que algunos contenidos de EpC se prestan especialmente a ello.

Nada de esto ocurriría si las distintas fuerzas políticas dejasen a un lado sus habituales trifulca, consensuando –que es responsabilidad de todos pero obligación principal del gobierno- y centrándose en algo tan serio como la educación de nuestros jóvenes. A los cuales, por otra parte, les viene muy bien recibir una formación integral en valores cívicos y normas de convivencia esenciales. Educación sí, adoctrinamiento oficial, no. Y por cierto, una buena lección para los jóvenes sería ver cómo la clase política respeta y acata las resoluciones judiciales, gusten más o menos. Habría que ver si el júbilo con que formaciones como Izquierda Unida o el Bloque Nacionalista Gallego han acogido este fallo era semejante si su contenido hubiera sido otro. Máxime, cuando aún queda el recurso ante el Tribunal Constitucional. Así pues, respeto y acatamiento ante lo decidido por el Supremo. Y un poco de sentido común, que tampoco está de más.

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