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Nicolas Sarkozy se enfrenta este jueves a su primera gran huelga

los sindicatos, contra las reformas

Jueves 29 de enero de 2009
En la cabeza de la manifestación parisina, que recorrió las calles de la capital desde la Plaza de la Bastilla hasta la Ópera, la primera secretaria de los socialistas franceses, Martine Aubry, justificaba su presencia en la calle por la negativa de Sarkzoy a "escuchar el enfado de los franceses y sus dificultades" y su "incapacidad" para responder a sus necesidades.

"Nos ha llevado a la recesión con su política, antes incluso de que llegara la crisis financiera", declaraba Aubry reclamando un cambio de rumbo.

"Estoy harto de que me tomen por un idiota", resumía por su parte Alain, un hombre ya jubilado, al hablar del motivo que le había llevado a salir a la calle en París para participar en la marcha convocada por los sindicatos en defensa del empleo, el poder adquisitivo y los servicios públicos. "Se nos dice que no hay dinero y yo me lo creo. Pero cuando vemos que, sobre todo para la clase alta se encuentra, y de que, en realidad, el dinero que se da para salvar a los bancos va a parar a los accionistas, no estoy de acuerdo."

"Se sirve a los bancos, se sirve a los ricos. Y ¿a nosotros, los trabajadores?", se preguntaba Michel. "Es algo que me encoge el estómago y es una lástima que la gente que nos gobierna no tenga en cuenta esta miseria. A veces siento vergüenza por ellos", decía.

Además de París, donde según la policía han desfilado unas 65.000 personas, Marsella, Lyon, Burdeos, Niza, Lille o Estrasburgo han sido igualmente escenario de manifestaciones en respuesta a la convocatoria sindical. Unos 300.000 en Marsella, la segunda ciudad francesa; 30.000 en Lyon, según los sindicatos, 25.000 según la policía; 60.000 en Burdeos, donde han sido numerosos los trabajadores del sector privado y entre 13.000 y 25.000 personas en Niza.

"Es la gente la que está aquí, no sólo los sindicatos. La pelota está en el campo del Gobierno y de la patronal. O entramos en la negociación y se deja de hacer pagar la crisis a los más humildes o asumen el riesgo de un conflicto social grave", advertía un responsable de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT).

Sarkozy seguirá adelante con las refomas
El presidente Nicolas Sarkozy, que en otras convocatorias no ha escatimado reacciones beligerantes, admitió ser "consciente" de las "dificultades" de sus conciudadanos y ha llegado a considerar "normal" que la gente proteste pero, fiel a su espíritu, ha dejado claro que seguirá adelante con las reformas para que Francia salga reforzada de la crisis.

La crisis financiera y económica desatada en otoño ha trastocado el ritmo frenético de las reformas que ya de por sí generan bastantes reticencias en una población que no termina de ver cumplido el famoso eslógan de la campaña electoral de Sarkozy: "Trabajar más para ganar más".

Temor a un movimiento global
El temor ahora es que el descontento de sectores sociales dispares converja en un movimiento global como el que obligó al Gobierno del primer ministro Dominique de Villepin a retirar el Contrato de Primer Empleo (CPE) en 2006. De hecho, el actual Ejecutivo se ha visto obligado a recular ante los jóvenes posponiendo una contestada reforma de los liceos que amenzaba con encender Francia como lo estuvo Grecia con las violentas protestas juveniles tras la muerte de un estudiante.

El Partido Socialista de Martine Aubry pretende, por su parte, aprovechar el movimiento social para tomar impulso y abandonar el marasmo en el que se vio sumido durante el Congreso de Reims y las rocambolescas elecciones para elegir a un nuevo líder.

De hecho, en vísperas de la huelga, el principal partido de la oposición ha vuelto a protagonizar un boicot inédito en la Asamblea Nacional durante la sesión de control al Ejecutivo, ausentándose del hemiciclo como ya hizo el Grupo socialista la semana pasada. Caldeó el ambiente con una moción de censura contra la política económica del Gobierno de Fillon y lo que consideran constantes ataques de Sarkozy a las libertades públicas, moción que, si bien no tenía ninguna posibilidad de prosperar, permitió al PS marcar la agenda política de una semana decisiva.

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