Opinión

Berlusconi vuelve a meter la pata

Jueves 29 de enero de 2009
“Tendríamos que tener (en las calles) tantos soldados como tantas son las bellas mujeres italianas”. Así comentaba Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, los recientes casos de violación ocurridos en Roma y Guidonia en los últimos días. Como frecuentemente pasa, su comentario genera perplejidad e impacto, mientras su intento de desdramatizar provoca escalofríos tratándose de una temática tan sensible como meritoria de mayor cuidado. Resulta paradójico que de vez en cuando, el presidente del Gobierno italiano olvida su posición política, el peso y la relevancia que asumen sus palabras y se deja llevar para su peculiar sentido del humor.

El primer ministro italiano ha alabado en varias ocasiones la belleza de las mujeres con comentarios machistas, mostrando una postura anacrónica e impropia. De hecho, no se puede considerar al magnate italiano como un novato en este género de comentarios y en varias ocasiones ha bromeado con asuntos “poco” chistosos, esgrimiendo argumentos de claro signo machista: en el pasado tachó de “demasiado rosa” al Gobierno de Zapatero, augurándole, en consecuencia de eso, muchos problemas ya que iba a resultar “difícil de manejar”. En 2003, animó a los estadounidenses a invertir en Italia “porque hay bellísimas secretarias”. En 2007, durante la campaña electoral, subrayaba “que la izquierda no tiene gusto, ni siquiera cuando se trata de mujeres. Nuestras mujeres son más guapas que las de la izquierda”. En la misma campaña electoral, en presencia de un número de señoras mayores, Berlusconi apostrofó el sector como la “zona menopausia”. Últimamente, halagaba el “envidiable bronceado” del nuevo presidente de los Estados Unidos.

El actual primer ministro italiano demuestra una actitud y una manera pensar de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, al estilo de las películas de Rodolfo Valentino, intentando propagar en el mundo la imagen del machismo italiano, un latin lover del “paleolítico”. Nuestro periódico, que no ha hecho bandera de lo políticamente correcto o del feminismo agresivo, cree, sin embargo, que hacer un chiste sobre las violaciones de mujeres en Italia no sólo denota mal gusto sino también la falta de ausencia de límites del primer ministro italiano en su pretensión de hacerse el gracioso. Pero lo cierto es que el resultado ha sido patético: son otras las declaraciones que se esperan de Berlusconi, como otras son las actuaciones deseadas. Italia sigue “en busca de un papel” dentro de la Unión Europea, creando un vacío preocupante en una institución en que le haría falta su presencia; su economía sigue en crisis y a la espera de una actuación eficaz y decidida del actual Gobierno; su imagen internacional ha sido dañada por la emergencia de basura en sus calles de alguna de sus ciudades más emblemáticas, el éxito de Gomorra, la detención de camorristas y mafiosos en medio mundo. Por eso, más que preocuparse de ser gracioso, Berlusconi debería dedicarse a proponer y llevar a efecto medidas concretas para mejorar el país. Se lo debe a toda la ciudadanía italiana para beneficio de toda Europa, un proyecto que no es comprensible sin una presencia italiana sólida y digna.

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