“Tenía los ojos chispeantes, llenos de humor y calidez”, afirma Manuela Mena, comisaria de la exposición sobre Francis Bacon en el Museo del Prado, cuando recuerda al artista en sus visitas al Prado. Dos años antes de su muerte, el británico se decidía por fin a visitar Madrid para presenciar la exitosa retrospectiva dedicada en la pinacoteca a Velázquez.
La carga emotiva que representa haber reunido parte de sus pinturas, trípticos y material documental del artista británico en la pinacoteca es significativa. “La relación que Bacon mantuvo con España y en concreto con el Prado marca sin duda esta primera gran retrospectiva”, afirma Miguel Zugaza, director de la pinacoteca.
La muestra monográfica, organizada en colaboración la Tate de Londres y el Metropolitan de Nueva York, nace como homenaje a uno de los grandes creadores del siglo XX, cuyo vínculo artístico con los grandes de la pintura española fue manifiesto. Tanto es así, que el propio Bacon afirmó en una ocasión que fue la obra de Picasso la que agitó su vocación pictórica.
Ambición pictóricaCon la idea de trasladar la singularidad de la trayectoria del británico, la exposición abarca desde las obras más tempranas de Bacon hasta el final de su vida, fallecido en Madrid el 28 de abril de 1992. Estructurada en varios capítulos, la muestra busca ordenar sus obsesiones sucesivas. “El conjunto de las obras de Bacon seleccionadas demuestra el despertar de la belleza pero también de la crueldad”, afirma Zugaza.
Manuel Engo
Excitante es la palabra que repite Chirs Stephesm, comisario de la muestra en Londres, para describir la llegada de la obra de Bacon a las paredes del Prado; un museo que amó, según afirma. “Bacon tenía un nivel de exigencia enorme, aspiraba a formar parte de la gran tradición de artistas como Miguel Ángel, Goya, Rembrandt o Picasso. Ahora expone su trabajo en los mismos lugares que ellos", añade.
Pese a que, según Mena, a Bacon hoy le abrumaría observar sus obras cerca de quienes consideraba los grandes de la pintura, lo cierto es que el Prado ofrece una oportunidad única de presenciar las obras de un artista del que sólo se ha hecho una exposición en España hace treinta años. Lo más atractivo de la visita radica en observar cómo se inspiró en la técnica pictórica de Velázquez con sus versiones del “Retrato del Papa Inocencio X”, pero también cómo influyó Goya en su técnica. Además, sus afamados trípticos de la Crucifixión, el de homenaje a George Dyer o su autorretrato, están entre las obras seleccionadas para la colección que podrá verse desde el 3 de febrero hasta el 19 de abril.