Martín-Miguel Rubio Esteban | Sábado 31 de enero de 2009
Zamora, a 20 de marzo de 1968
Sr. Don Conrado Blanco
Muy Sr. mío:
Para vergüenza mía debo confesarle, así, de buenas a primeras, que no he leído nada de su creación poética; lo cual, por otra parte, tratándose de mí nada tiene de particular, puesto que tampoco he leído la poesía latina de Garcilaso, de la que dice mi amiga Josefina de la Serna y Espina que es aún mejor que la que escribió en lengua española, no obstante ser bastante anterior a Vd. (La ignorancia para ser honesta ignorancia ha de ser franca ). Sí le conocía por su faceta de empresario teatral. Y no puedo olvidar la buena noche que pasé en Madrid hace ya diez años viendo el estreno de la comedia “El caso de la mujer asesinadita”, de Mihura y Laiglesia, y que su compañía representó con grandísimo acierto.
Conozco, sin embargo, otra obra de Vd. más importante, una obra magnífica: La institución de los Premios literarios “Concha Espina” y “Víctor de la Serna”. Esto le honra a Vd. de por vida, tanto como puedan honrarle en el futuro sus propias creaciones literarias y su gran promoción cultural como eximio “dominus gregis”. Y aún creo que un poquito más, pues no es corriente que un poeta o escritor alabe a otro poeta o escritor coetáneo suyo. Se ha escrito mucho, quizás exageradamente, acerca de la envidia que provoca en los poetas la gloria literaria de otros poetas. Molière trata este tema con genial gracejo y contundencia. Por eso, quien vive por encima de ese defecto tan común forzosamente ha de ser una persona buena y honrada a carta cabal. Tal usted.
Tengo a mucha honra haber conocido personalmente a estas dos excepcionales criaturas, Concha Espina y Víctor de la Serna, que usted ha coronado con el laurel apolíneo ( “Baccalaureati” ), y de haber merecido su afecto y protección. Sus vidas y sus obras, tanto de la madre como la del hijo, son encomiables y merecen la gloria de ser epónimos de unos Premios Literarios. No hay mayor monumento para un escritor que el que su nombre designe un Premio Literario. Es como realizar aquel deseo del poeta Ennio, que nos cuenta Cicerón en sus Tusculanas: “Que nadie me honre con lágrimas ni celebre mis funerales / con llanto. ¿Por qué? Voy revoloteando vivo en boca de los hombres”. Así, cuando leí que Don Conrado Blanco había instituido los Premios literarios “Concha Espina” y “Víctor de la Serna”, sentí una gran alegría y me faltó tiempo para rogarle a mi adorable amiga Josefina de la Serna y Espina me enviara la dirección de Vd. para escribirle dándole las gracias y felictarle por su magnífica y justísima idea.
Nada más justo que perennizar el recuerdo de las personas que, al morir, entregan a la sociedad una obra beneficiosa para el espíritu y la tarea eterna de la humanización del hombre. Son hitos luminosos que los hombres deben ir colocando cada vez que se producen para señalar el rumbo seguido por la humanidad. Gloria a ellos y honor a los hombres honrados que se preocupan de la necesaria exaltación y protección de los valores humanos.
Reciba Vd. mi más sincera felicitación por la creación de estos dos Premios y cuente siempre con el afecto de este s. s. s.
q.e.s.m.
Luis
P.D. En cuanto me sea posible compraré un libro de Conrado Blanco y aún me atreveré a comunicarle la opinión que me merece como poeta ( A mayor ignoracia, mayor franqueza ).
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