Opinión

Objetivo, Madrid sin Esperanza

Sábado 31 de enero de 2009
La comparecencia este pasado viernes del consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, había suscitado una enorme expectación. Sobre la mesa, el manido asunto de la presunta trama de espionaje urdida contra diversos altos cargos, ya en manos de la justicia. Como era de esperar, cada uno ha estado en su papel: Granados, negando las acusaciones y, PSOE e Izquierda Unida, dando crédito a las informaciones periodísticas y, porqué no decirlo, del propio ámbito popular.


Serán los tribunales quienes decidan si hubo o no espionaje amparado por la Comunidad de Madrid. A ese argumento recurren ahora desde la sede nacional del PP en la calle Génova. Tal parece ser la consigna, que por otro lado llega algo tarde. Y es que, en su momento, las revelaciones periodísticas que acusaban al gobierno de Esperanza Aguirre encontraron eco inmediato en el consistorio madrileño. En efecto, tanto el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, como su segundo, Manuel Cobo, actuaron en todo este asunto con una celeridad -por no decir Prisa- pasmosa. La operación de acoso y derribo a la que desde hace tiempo lleva sometida Esperanza Aguirre ha sido aprovechada desde su propio partido por quienes ven en la Presidenta de la Comunidad de Madrid una incómoda compañera en el viaje al "laisser faire" que ha emprendido Mariano Rajoy.


La administración autonómica madrileña puso el caso en manos de la justicia. Correcto. Es lo que hay que hacer cuando alguien estima que ha sufrido un menoscabo en sus derechos. Pero no encontró el apoyo necesario desde Génova y eso es algo que la gente percibe. De ahí que la diferencia de intención del voto entre PSOE y PP siga creciendo, en parte gracias a todo este escándalo. A lo mejor, si los populares hubiesen actuado desde un primer momento como un partido cohesionado y con un liderazgo sólido, ahora las cosas serían diferentes. Pero no lo son. Bien lo saben los socialistas, quienes, como es lógico, hacen leña del árbol caído. El razonamiento del portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso, es contundente porque tiene mucho de cierto: “cómo van a aspirar a gobernar España si no saben hacerlo ni en su propia casa”. Y a la vuelta de la esquina, elecciones autonómicas vascas y gallegas. A ver si para entonces las aguas han vuelto a su cauce y se habla de política en lugar de escándalos. Claro que para que eso suceda, el señor Rajoy tiene que poner orden en su partido. Y a día de hoy, tal cosa parece tan remota como complicada.

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