Rafael Ortega | Sábado 31 de enero de 2009
Hay personas que juegan a saber mucho sin saber nada. Este es el caso de los que han especulado e incluso afirmado que Carlos Amigo está bastante molesto porque le han colocado el Sevilla, su sede, un Arzobispo Coadjutor, Juan José Asenjo, sin su aprobación y con la clara intención de que en cuanto cumpla los 75 años, edad reglamentaria para presentar su renuncia al Papa, aceptarla inmediatamente.
Quien esto afirma ha sido claramente manipulado por aquellos, que pueden estar cercanos al Cardenal Amigo, pero que no conoce la bonhomía de este gran hombre, franciscano, no solo por su estatura, sino por su excelente labor pastoral, primero como Arzobispo de Tánger, desde 1974 hasta 1982, cuando fue nombrado Arzobispo de Sevilla.
El Cardenal Amigo ha sabido desde el inicio del proceso que el Papa iba a nombrar un Arzobispo Coadjutor. Es muy difícil entender que el Vaticano actúe en este sentido sin tener el conocimiento y la aprobación del titular de la sede, y más si el titular es Cardenal, con acceso directo al Papa. Hay quien ha querido ver una especie de “mano negra” del Cardenal Arzobispo de Madrid, Rouco, en la “jugada”, apelando a unas “malas relaciones” entre los dos purpurados. Esto, sencillamente, no es cierto. Así de claro.
A Sevilla va un Arzobispo Coadjutor que llega de Córdoba, Monseñor Juan José Asenjo, que jamás se prestaría a un juego semejante. La humildad de Asenjo es conocida y todos recordamos como esa humildad y también su bonhomía le hizo sufrir bastante cuando fue Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, siendo obispo auxiliar de Toledo, y con que grandeza de espíritu acogió la noticia de su no reelección en el cargo. Después fue nombrado Obispo de Córdoba, donde ha calmado la diócesis tras acontecimientos nada agradables de todos conocidos.
Carlos Amigo fue uno de los protagonistas de la visita del Papa Juan Pablo Segundo a Sevilla en 1993 y participó activamente en la excelente labor que hizo el Pabellón del Vaticano en la Expo 92. Por su parte, Juan José Asenjo fue el organizador del último viaje del Papa Wojtyla a España en el 2003. Ahora Benedicto XVI ha querido que los dos actúen en conjunto y durante unos años en Sevilla.
Amigo es castellano, de Medina de Rioseco, en Valladolid, y Asenjo, también castellano, de Sigüenza, se encuentran en Sevilla, capital de una Comunidad Autónoma donde hay que hilar muy fino, por muchas razones, y donde son necesarias personalidades con buen talante y que hagan del diálogo su emblema. Por eso afirmo que ese gran Cardenal, que en Roma, antes y después del pasado cónclave se hizo “amigo” de todos los periodistas que cubríamos la información, ha encontrado un “amigo” en Juan José. Sino lo eran ya antes, cosa que creo. Así que especulaciones a la papelera.