Opinión

El Foro de Davos: contenidos, presencias y ausencias

Domingo 01 de febrero de 2009
Problemas globales, soluciones globales. Tal parece ser el espíritu del Foro Económico Mundial, clausurado este pasado fin de semana en la localidad suiza de Davos. Es un hecho que la actual coyuntura económica mundial está marcada por la crisis de la que no parece atisbarse el final. Por el contrario, los líderes políticos y económicos allí reunidos han alertado sobre las negativas consecuencias sociales que tendrá esta situación. Por supuesto, nadie a estas alturas tachará las conclusiones de alarmistas. Quien más quien menos sufre en su país las devastadores consecuencias de la recesión mundial, uno de cuyos aspectos más preocupantes es la destrucción de empleo. Es precisamente aquí donde está el epicentro de las posibles consecuencias negativas sociales a que hacían alusión los participantes en Davos: el desempleo genera conflictividad social, aumento de la delincuencia, retraimiento del consumo y pérdida de confianza generalizada. Por mucho que se apele a la capacidad para salir adelante y al optimismo como receta inmediata, el ciudadano de a pie es plenamente consciente de las dificultades a las que ha de hacer frente.


El que se reúnan personalidades del mundo de la política y la economía para hacer un análisis de los problemas actuales y procurar aportar soluciones no es mala cosa. El contraste entre distintas opiniones puede tener resultados provechosos para todos. Es el caso de las que ha puesto sobre la mesa la canciller alemana Angela Merkel, quien suele distinguirse por su tino a la hora de adoptar iniciativas eficaces. En esta ocasión, Merkel ha propuesto la creación de un Consejo Económico de Naciones Unidas, similar al Consejo de Seguridad, pero para supervisar los mercados. Sin ser un remedio definitivo, sí al menos pondría sobre aviso de comportamientos irregulares, que tanto daño han hecho a los mercados financieros. Como ella, jefes de Estado, ministros de Finanzas, gobernadores de bancos centrales, dirigentes empresariales y diversas ONG, hasta hacer un total de 2.500 asistentes, han intentado aportar su granito de arena para paliar la actual problemática económica.


Por cierto, que la presencia oficial española ha brillado por su ausencia. La única representación destacada sólo podía encontrarse entre los “pacíficos” manifestantes antiglobalización venidos de toda Europa, cuyos destrozos y actos vandálicos suelen ir en consonancia con su bagaje intelectual. No parece exagerado afirmar que una de las diez economías mayores del planeta requiere una presencia de más entidad en un foro de tanta significación. La incapacidad de los círculos oficiales españoles para entender el mundo exterior les impide discriminar entre los países, gentes y lugares verdaderamente importantes y los irrelevantes: se agitan mucho, viajan a sitios exóticos y remotos del Tercer Mundo, se reúnen con dirigentes sin peso ni sustancia, algunos de una catadura política cuestionaba pero luego, claro, no acuden …a Davos. Seguramente, es que no sale en los sondeos.