Opinión

Crónica de una consulta

Miguel Ángel Latouche | Martes 03 de febrero de 2009
Ahora mismo estoy sentado en mi oficina de la Universidad Central de Venezuela. Es viernes y faltan pocos días para que asistamos a una consulta electoral en la que los venezolanos decidiremos respecto a la reelección indefinida para quienes ejercen cargos de elección popular. La situación de la universidad es muy tensa, grupos de estudiantes contrarios al gobierno se han movilizado y convocan a la sociedad civil a participar masivamente en contra de la propuesta de enmienda constitucional que, de ser aceptada, abriría la posibilidad de que el Presidente presentara de manera recurrente su nombre a la reelección. Una enmienda que implica un cambio en la norma constitucional que, con la excepción de Cuba, no tiene equivalente en ningún país de régimen presidencialista en las Américas.

Reviso mi biblioteca y me encuentro con ‘el futuro de la democracia’ de Norberto Bobbio, me llama la atención en particular un pasaje en el cual el filósofo italiano indica la imposibilidad teórica y la ilegitimidad de instaurar por medios democráticos un sistema autoritario, según Bobbio un conjunto de sujetos no pueden elegir por vía de la regla de la mayoría restringir el sistema de derechos que garantizan el ejercicio de la libertad y la ciudadanía. Lamentablemente, en este país hemos observado como a lo largo de diez años se han utilizado mecanismos democráticos para restringir la democracia. Se escuchan algunos gritos, estallan algunos niples; hasta acá llega el olor de las lacrimógenas, -seguramente los grupos radicales han intentado acciones en contra de quienes protestan o, quizás, ellos mismo marchan en contra de las autoridades universitarias.

Me levanto del escritorio, me acerco a la ventana, se escucha el bullicio de la vida universitaria, reviso el periódico. En primera página se lee una declaración del presidente en la cual refiere que la oposición traiciona a la patria y que eso es lo que explica que no apoyen la reelección continua. La tensión en la universidad continúa, entran motorizados y se sitúan frente a la Escuela de Trabajo Social que se ha convertido en un bunker pro- gobierno. Reviso con cuidado las declaraciones del Presidente, no se habla de la gestión de gobierno, ni de los planes de acción, ni de las políticas públicas. Continua la crisis hospitalaria, la falta de recursos en la maternidad, la razia permanente de la delincuencia en contra de la ciudadanía, el Ministro del Interior y de Justicia, realiza declaraciones en las cuales discute las proyecciones de las encuestas y las posibilidades de victoria del gobierno en el referéndum.

Se utilizan recursos públicos en la campaña electoral. Esta mañana abordé el Metro, en los altavoces de las estaciones se repite, hasta el cansancio, la publicidad a favor del gobierno; las fotos del Presidente tapizan las oficinas públicas con propaganda electoral. ¿Cómo puede diferenciarse la actividad política de quienes ejercen el gobierno de la actividad electoral?, quiero decir: Cuando un funcionario gubernamental que aspira ser reelecto inaugura una obra y para ello se moviliza en vehículos oficiales y utiliza los medios públicos del Estado para realizar la cobertura del acto, ¿actúa como funcionario o como candidato? ¿Es posible establecer esa diferenciación? En países serios a los efectos de presentarse a la reelección se les solicita a los agentes que se separen del cargo de manera provisional o, al menos, se supervisa la utilización de recursos públicos con fines electorales.

Una vez más el organismo electoral niega un recurso en el que la posición solicita su intervención para que no exista ventajismo en la campaña. El Presidente amenaza, el Ministro amenaza, el Gobernador amenaza. Los opositores son descalificados, los estudiantes universitarios son acusados de pitiyanquismo, de ser tarifados por el Imperio, de ser unos desclasados, o, simplemente de no entender la oferta de la revolución, ni sus implicaciones históricas, por ser hijitos de mamá, expresión que, por lo demás, en estas latitudes tiene un carácter peyorativo. Escribo en tono confesional. No es lo mismo hacer campaña desde el poder, con la Maquinaria del Estado a su favor, que hacerlo desde una oposición que es perseguida, presionada y vejada de manera permanente. Continúo en mi oficina, a lo lejos se escuchan algunos gritos, los estudiantes marchan en el campus, convocando a los universitarios a votar, no puedo evitar pensar que en la universidad se resguarda la conciencia moral del país, entre los jóvenes que marchan se planta el germen de la resistencia democrática, vivimos en un país excesivamente interesante. Hay esperanzas.

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