Opinión

Zapatero lleva la Banca al banquillo

José Antonio Sentís | Martes 03 de febrero de 2009
Desde que el mundo es mundo, los gobernantes les han echado a otros las culpas de sus fracasos. En general, los paganos han sido, por este orden, un enemigo exterior y, sobre todo, una quinta columna interior.

En la España de los cuatro, probablemente cinco, millones de parados, la culpa no es del Gobierno, evidentemente. No es del presidente que pronosticaba pleno empleo esta Legislatura. No es del ministro de Economía, que convenció a los españoles del antipatriotismo de los agoreros que avisaban del desastre. No, ni mucho menos. La culpa de la crisis ha sido, por este orden, de Bush y de los banqueros.

Ahora, Bush no está, y eso dificulta mucho la escenificación del gran Satán que dedicó todos sus esfuerzos a que Seat o Renault decidieran un ERE, o a que las inmobiliarias no vendieran un piso en la costa. Está Obama, y con Obama no hay posible inducción a la crisis, ni siquiera colaboración necesaria. Ahora sólo queda el íncubo interior, el demonio familiar: la Banca.

Hay que reconocer que el laboratorio de La Moncloa ha elegido bien al estigmatizado. En la última encuesta realizada por mí en la calle Pintor Rosales de Madrid (absolutamente científica), nueve de cada diez viandantes estaban cabreados con su banco. El otro era checo, y sólo estaba cabreado con la Banca checa. Por lo tanto, de elegir a un inductor de la crisis para taparse las vergüenzas, el Gobierno ha elegido bien. La Banca, sin duda, es la gran responsable de los parados de Zapatero. Y es remarcable lo vesánico del capital financiero, pues, comportándose como kamikaces, son capaces de hundir la economía de la que viven por ganas de fastidiar al Gobierno.

El argumento genial del Gobierno y sus afines es doble. Por un lado, la Banca de Bush y la Banca en general, han causado la crisis, al conceder créditos sin garantías. Y, ahora, la Banca en general, y la española en particular, son responsables de la crisis ¡al no conceder créditos sin garantías!

La lógica es rotundamente genial. Pero eso no es lo importante (la lógica argumental, digo) sino el esfuerzo por hallar algún culpable de la catástrofe en la gestión de las economías. Hitler encontró en los judíos la causa de la crisis de la Alemania de Weimar. Los mismos judíos (y banqueros) fueron expulsados de nuestros pagos cuando no había para pagarles. También los cristianos incendiaron Roma, según Nerón. Y eso sin contar que judíos y cristianos, alternativamente según las épocas, envenenaron las fuentes y sacrificaron a los niños, que hay que ver cuántos malos encuentra el gobernante desbordado por los problemas.

Zapatero no ha encontrado aún a judíos (bueno, sólo en Gaza) y los cristianos como antagonistas se le agotaron en la pasada Legislatura. Por lo tanto, la culpa de nuestros males, de nuestro paro, de nuestro déficit, del cachondeo de la financiación autonómica, de la deuda de los municipios, de la amenaza de deflación, de la deslocalización industrial, de la demagogia sobre la vivienda, de la falta de competitividad, del atraso tecnológico, de las vacilaciones educativas, del derroche funcionarial… es de la Banca.

Es un buen comienzo de campaña electoral. Porque habrá que votarle a él para acabar con las tropelías del capital financiero (y sus varios millones de accionistas, por cierto). Y, si alguien duda, pues se saca de la chistera la amenaza de nacionalizar la Banca, que eso sí que es popular y a la gente le pone mucho. De hecho, con cosas como ésa suele ganar Chávez en Venezuela.

Con esas premisas, Zapatero ha castigado a los banqueros al banquillo de la Moncloa, nuevo espacio de frío metacrilato que ha sustituido al tresillo blanco que se deja para los amigos. Con esa colleja mediática ha escenificado a los malos, aunque a ellos no se lo haya dicho a la cara: simplemente ha humillado a sus interlocutores ante las cámaras de televisión, que es lo que importa. Ya no son los amigos de nuestro Gran Timonel, que lo sepa todo el mundo. Aunque en persona lo disimule con su proverbial empatía, no vaya a ser que luego no concedan créditos al PSOE, que de algo tiene que vivir.

Con todo ello, Zapatero ha ganado tiempo. El debate no es sobre su política económica, ni sobre la abrumadora cifra de parados, de desprotegidos sin cobertura por el Gobierno protector de los desfavorecidos. El gran debate es sobre la avaricia e insolidaridad de los empresarios y de los banqueros, que derrochan la generosidad del Gobierno. ¿O ha sido casualidad que la reunión con los banqueros se haya celebrado veinte horas antes de la publicación de la cifra récord en la historia del incremento del paro nacional?

Es un gran acierto, una vez más, del PSOE en el poder. Nunca tienen culpa de nada, porque si el mercado falla, ellos son socialistas. Si el mercado funciona, son socialdemócratas. Y si fuera un total éxito, serían liberales.

Gracias a todo ello, Zapatero tiene una gran ventaja en las encuestas, pues nada es imputable a su encomiable gestión. Es absurdo que algunos españoles aún duden de su voto. Y, si alguien tiene problemas de conciencia ante la tragedia del paro, no olvide que, además de los banqueros, todavía podemos encontrar a otros responsables de la crisis. Por ejemplo, los judíos.

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