Martes 03 de febrero de 2009
Tras la liberación en los últimos días de varios de los secuestrados por las FARC en Colombia, hay quien echa ya las campanas al vuelo atisbando un posible final de la pesadilla que viven tantas y tantas personas cautivas desde hace años. Máxime, si se tiene en cuenta la relevancia de alguno de ellos, como el ex gobernador del departamento de Meta Alan Jara, puesto en libertad este pasado martes. Conviene recordar que las FARC retienen a políticos y empresarios secuestrados selectivamente, pero también retiene a militares capturados en acciones armadas. Y algo particularmente indecente; la llamada “pesca milagrosa”, que consiste en efectuar secuestros indiscriminados, por ver si había “suerte” y alguno de los apresados resultaba tener bienes o responsabilidades importantes.
Quien así ha actuado durante toda su vida no es fácil que cambie radicalmente de la noche a la mañana. Menos aún, sabiendo que sus vecinos Chávez y Correa, así como también Evo Morales y Daniel Ortega, sienten hacia ellos algo más que una declarada simpatía. No están solos, aunque el apoyo -en el caso de Chávez, incluso financiero- que se les brinda es más pragmático que ideológico. En efecto, el mandatario bolivariano y sus acólitos ven al presidente Uribe como el enemigo a batir y las FARC son un elemento de desgaste perfecto. Mientras subsistan, Colombia no alcanzará la estabilidad definitiva; de ahí su apoyo. Porque, ideológicamente, hace mucho tiempo que las FARC perdieron el norte -si es que alguna vez lo tuvieron- en detrimento de sus negocios con la cocaína. Secuestran y trafican con drogas, nada más. Pero es precisamente ahí donde radica su debilidad, pues la falta de un horizonte político, amen de los últimos golpes inflingidos por las autoridades colombianas, han hecho que muchos de sus miembros deserten, viendo que su existencia no era más que un continuo delinquir en pos de un ideal inexistente. Con todo, hay que felicitarse por las últimas liberaciones, porque siempre son una buena noticia. Pero al mismo tiempo, se entiende la prudencia del gobierno colombiano a la hora de contener el optimismo. Es comprensible. Saben de lo que son capaces las FARC. Pero al menos, la senda que ha marcado Uribe empieza a dar sus frutos.
TEMAS RELACIONADOS: