Martes 03 de febrero de 2009
A finales del pasado año, la cifra de desempleados en España superó la barrera psicológica de los 3 millones. En lo que llevamos de 2009, este número se ha incrementado hasta los 3.330.000 parados, con 200.000 nuevos sólo en enero. Por fortuna, los datos de paro no son uniformes mes a mes, ya que, de seguirse esta proporción, a finales de año se habrían destruido más de 2 millones de empleos. Incluso el Gobierno, reacio a abandonar ni por un momento la burbuja virtual en la que vive el señor Zapatero, se ha visto obligado a reconocer que las previsiones apuntan a que antes de que acabe el año habrá 4 millones de personas sin empleo. Por de pronto, España duplica la media de la Unión Europea y eso que todavía queda mucha pendiente por recorrer. Ante todo este panorama, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, manifestaba sentir “impotencia”, al mismo tiempo que hacía una llamada al optimismo. Revelador.
Optimismo: no se sabe si tal estado de ánimo ante la que está cayendo es una broma pesada o más bien obedece a un preocupante desconocimiento de la realidad. Bien está que, desde instancias gubernamentales, se apele a la heroica para salir adelante. Confianza en el esfuerzo, sí, pero no optimismo forzado para ocultar la debacle. De la cual, por cierto, comienzan ya a verse las primeras manifestaciones sociales, como el caso del empresario madrileño que amenazó con quemarse a lo bonzo, si el ayuntamiento de Loeches no satisfacía una deuda millonaria. No es el único caso, pero sí la punta del iceberg que destapa una situación intolerable: la de muchos empresarios que se han arruinado -y por ende, sus empleados han ido al paro- porque la Administración no les pagaba a tiempo. Eso, si es que les pagaba. Estas muestras de descontento sacan los colores a un Gobierno que ve cómo se le multiplican los frentes, fruto de su palmaria incapacidad ante una crisis que le desborda. De momento, las iniciativas puestas en marcha por la oficina económica de Moncloa no parecen haber servido para nada. Para colmo, destacados socialistas como el extremeño Guillermo Fernández Vara proponen nacionalizar la banca. Y mientras, nada se sabe de los sindicatos, cuya única presencia activa en las calles este año ha sido en la manifestación de apoyo a la dictadura cubana del pasado sábado en Madrid. En momentos de crisis es cuando se ve la verdadera talla de los líderes. Y, por lo visto hasta ahora, en España no abundan.
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