Miércoles 04 de febrero de 2009
Detrás de la enorme cifra de parados del mes de enero, que supera los 3.300.000, hay otra menos abultada pero igual de preocupante. Es la de los autónomos y empresarios que ven cómo sus dificultades son cada día mayores. Ellos no forman parte de la estadística, pero sufren igualmente las consecuencias de una crisis ante la que el Gobierno parece totalmente impotente. En el caso de la pequeñas y medianas empresas, los que les adeudan las distintas administraciones públicas supera los 30.000 millones de euros. Ante semejantes problemas de liquidez, muchos han tenido que echar el cierre, y por consiguiente, despedir a sus empleados. Y los que aún no lo han hecho, tienen verdaderos problemas a la hora de obtener financiación. De hecho, 4 de cada 5 ha visto cómo las entidades bancarias con las que habitualmente operaba le reducían o suprimían su línea de crédito.
Es la cara menos visible de todo lo que está pasando, salvo, claro está, para aquellos que lo sufren en primera persona. Al Gobierno no le queda más remedio que hablar de los parados, porque las colas en las oficinas del INEM son demasiado grandes como para ser ocultadas, pero el resto de aspectos preocupantes de la crisis, cuanto más solapados, mejor. Una buena labor de oposición destaparía todas estas situaciones, fiel reflejo de la España real a la que el señor Zapatero parece querer ignorar, bajo el manto pueril de un optimismo sin fundamento. Pero ni Rajoy está en primera línea política para dar la batalla económica al Ejecutivo -ayer mismo reconocía que “no quería criticar al Gobierno”-, ni el equipo de Zapatero ha sido capaz de parar esta sangría. Al mismo tiempo, su reunión con la banca, lejos de servir para que las entidades financieras facilitasen crédito a los ciudadanos, ha dejado las cosas tal y como estaban. Porque mientras que al ministro de Industria, Miguel Sebastián, “se le acaba la paciencia con los bancos”, el vicesecretario de Organización del PSOE, José Blanco, muestra hacia ellos “una paciencia infinita”. Los bancos aducen que siguen prestando, pero que ahora la gente es menos solvente, y que ellos han de adoptar precauciones. Un cúmulo de problemas, de cuya resolución es primer responsable el Gobierno, que para eso está. Aunque, por lo visto hasta ahora, la ausencia sea la nota predominante.
TEMAS RELACIONADOS: