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El proceso de paz para el conflicto árabe-israelí no avanza

Anápolis no progresa

Lunes 11 de febrero de 2008
Nadie se extraña en Israel de que tras la conferencia las cosas sigan exactamente igual que estaban. Al fin y al cabo tanto los israelíes como los palestinos están acostumbrados ya a que todos los intentos de paz acaben estancándose en el lodazal de las promesas políticas, como la afamada “Hoja de Ruta” del 2002. Si uno echa la vista atrás para ver los fallidos intentos de paz, es difícil no ser agorero con las nuevas (y viejas) promesas hechas en Annápolis, que tanto se parecen a la malhadada Hoja.

Israel se ha comprometido a parar la construcción de los asentamientos, pero sigue construyendo y ampliando los ya existentes. El muro de separación sigue sin permitir el libre desplazamiento de miles de personas y los cohetes Qassam que Hamás lanza desde Gaza a Israel son un lastre para cualquier posible negociación. Abbas, también llamado Abu Mazen, no puede prometer que contendrá a Hamás porque no existe comunicación entre los dos grupos desde que Hamás ocupase Gaza por la fuerza. Si Abbas pide al grupo islamista que cesen los cohetes, tendría que hacer frente a críticas feroces por parte de los palestinos, que ya creen que este político es débil y que “no podría ni traer el periódico de los domingos, así que cómo va a traer la paz a esta zona”.

A pesar del pesimismo general en cuanto a cualquier proceso de paz, especialmente si los padrinos se van a retirar pronto, como es el caso de Bush, la Ministra de Exteriores Tzipi Livni y su homólogo palestino Mahmoud Qureia se muestran optimistas. Todavía no es entendible cómo Livni puede ser optimista respecto a encontrar una solución para finales de este año, si esta semana dijo que no habrá proceso de paz hasta que no paren los cohetes y todos saben que ya le gustaría a Abbas poder controlar lo que pasa en la Franja. Además si tan urgente es, ¿por qué no han formado equipos de negociación? ¿Por qué se reúnen tan sólo una vez por semana?

Incluso aunque todas las negociaciones se resuelvan y se llegue a soluciones que más o menos convenzan a todos, siempre estará la amarga píldora que uno de los dos se tendrá que tragar: Jerusalén. La ciudad santa es indivisible e intocable para una gran mayoría de los israelíes (los que son religiosos) y el partido ultraortodoxo Shas ya avisó que se si se plantea convertir la mitad de Jerusalén en la capital del futuro estado palestino, ellos se apean de la coalición. Y Olmert necesita a Shas para tener mayoría en el parlamento. También necesita este proceso de paz después de la Segunda Guerra del Líbano y el Informe Winograd que destapó todos los errores cometidos por el gobierno y el ejército. Bush también lo necesita, porque si resuelve el atolladero de Israel y Palestina, pasará a la historia como algo más que el presidente que comenzó otro atolladero en Iraq.

Lo que pasó con el último intento de paz promovido por el “Quarteto” (EEUU, UE, ONU y Rusia) fue que ninguna de las partes cumplió casi ninguna de las condiciones establecidas, como todo el mundo teme que vuelva a pasar ahora. Aunque también es cierto que al menos ahora hay una fecha límite deseada, finales del 2008 y también hay un político muy interesado en ver resultados. Bush volverá a Israel el próximo mayo y ya ha anunciado, por si alguien se duerme en los laureles, que quiere ver resultados. Ahora a Bush, después de ocho años sin interesarse por la zona, le entra la prisa, y en esta parte del mundo los asuntos van swaya swaya (poco a poco en árabe).

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