América

Cristina Fernández, limando asperezas

Análisis

Martes 10 de febrero de 2009
Al parecer la compleja coyuntura que ha generado la crisis económica ha hecho que la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se replantee su controvertida política exterior. La Jefa de Estado ha desviado, momentáneamente, el timón de su barco para tomar un nuevo rumbo diplomático que le permita restablecer las alianzas y los viejos vínculos comerciales con España, a fin de hacer frente a los tiempos difíciles por los que atraviesa la economía del país suramericano.

Desde que la mandataria asumió el poder en octubre de 2007, las relaciones entre España y Argentina no han hecho otra cosa que enfriarse. El gobierno de Cristina Fernández no ha dejado de ejercer presión hacia un significativo número de empresas españolas, que en los últimos 14 meses, han estado supeditadas a amenazas de nacionalización y de expropiación.

Compañías de un gran valor estratégico para la región como Repsol-YPF, el BBVA, Telefónica y el Grupo Marsans; al que se le desposeyó del control de Aerolíneas Argentinas; han padecido los embates de una administración fuertemente influenciada por las políticas populistas que pululan alrededor del Cono Sur. No obstante, los malos pronósticos que el Fondo Monetario Internacional (FMI) auguró a la economía latinoamericana, sobre todo a la argentina, ha hecho que la presidenta reconsideré seriamente su estrategia diplomática. Por lo visto los petrodólares venezolanos no son suficientes para palear una crisis que no hace otra cosa que apuntar hacia arriba.

El reencuentro entre Argentina y España promete descongelar las gélidas relaciones entre sendos países. La iniciativa de Cristina Fernández de cruzar el Atlántico, además de recapitular una agenda económica y política que durante un año ha quedado en puntos suspensos, permitirá establecer significativos acuerdos de reciprocidad con el gobierno español, abriendo las puertas del diálogo, no sólo entre dos naciones que les unen fuertes vínculos históricos, sino que a la vez le permitirá tender un puente hacia uno de los objetivos de la nueva diplomacia latinoamericana: Europa.

Ojalá este pasó vaya más allá de las formas protocolarias, las buenas intenciones y las fotos de rigor. Se espera que el encuentro suponga una oportunidad para que la presidencia de Cristina Fernández, reivindique una postura más asertiva y responsable con respecto a Argentina, por ser uno de los actores claves dentro de la convulsa geopolítica suramericana.

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