Opinión

UN PELIGRO LLAMADO CHÁVEZ

Martes 12 de febrero de 2008
La última ocurrencia del mandatario venezolano Hugo Chávez ha sido amenazar con interrumpir el suministro de petróleo a Estados Unidos. "Si llegan de verdad a congelar los fondos, si nos hacen daño, nosotros les vamos a hacer daño, porque no les vamos a mandar petróleo a los EE UU". Chávez respondía de este modo a la reciente demanda de Exxon Mobil contra la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), que llevó a tribunales de Reino Unido, Holanda y EE.UU. a "congelar" cautelarmente fondos de Pdvsa por valor de 8.276 millones de euros. Añadió que, si estalla esa guerra económica, "el precio del petróleo llegará a 200 dólares". Hace no mucho también se refirió a otra posible guerra, esta vez contra Colombia y por otros motivos. El caso es amenazar. Las declaraciones del líder bolivariano se produjeron en el contexto del programa "Aló presidente", espacio que se recoge sus frecuentes exabruptos, y cuya duración puede prolongarse durante horas. En esta ocasión, el tono de las amenazas ha sido especialmente duro al tratarse de una compañía petrolífera (Exxon), y además estadounidense. No obstante, la suiza Nestlé y la italiana Parmalat ya sufrieron las invectivas de Chávez no hace mucho.

Y es que parece que el empeño de este sujeto no es otro que el de llamar la atención a cualquier precio, con un afán de protagonismo verdaderamente enfermizo. El problema es que tiene petróleo, y parece decidido a usarlo como arma arrojadiza. Este enfant terrible de la escena latinoamericana tomó como ejemplo a Cuba, y ahora se acerca peligrosamente al Irán de Admadineyah, país diametralmente opuesto en todos los sentidos a Venezuela salvo en su aversión a Occidente y sus reservas de crudo. Chávez ha pasado de ser un personaje grotesco sin más a una verdadera amenaza para la convivencia. Que el precio del barril de petróleo dependa de tipos como éste asusta. La comunidad internacional debería tener muy presente la amenaza que representa.

TÓPICOS SUBVENCIONADOS


PAZ. Estas son las siglas de la Plataforma de Apoyo a Zapatero, la última iniciativa que un grupo de intelectuales y artistas de renombre ha puesto en marcha para mostrar su adhesión al presidente del Gobierno. Entre los firmantes, pocas novedades: Víctor Manuel y Ana Belén, Sabina, Serrat… Todos ellos caras conocidas que nunca han ocultado su afiliación política ni su aversión hacia el PP.

Apoyar a una opción política de manera explícita es algo legítimo e incluso deseable. Da buena muestra del carácter saludable de una democracia. Es una práctica común en EE UU, donde famosos actores como Bruce Willis o George Clooney se posicionan abiertamente a favor de los partidos republicano y demócrata, respectivamente, sin que ello condicione su carrera profesional. La diferencia con los artistas españoles es que aquéllos no necesitan insultar al contrario para reforzar sus argumentos.

En la presentación de PAZ, que tuvo lugar el pasado sábado, el cineasta José Luis Cuerda llamó "imbéciles" a los votantes del PP. ¿Hay alguna necesidad de recurrir a palabras malsonantes y a descalificar al contrario para reforzar nuestros argumentos? Más aún cuando los más de 9 millones de españoles que apoyan al PP pagan con sus impuestos, tal y como recordó ayer Pizarro, el canon que da de comer a muchos de los firmantes de PAZ. Intentar neutralizar al contrario descalificándolo por el mero hecho de no pertenecer a nuestro bando, delata una falta de cultura democrática y, por encima de todo, un sesgo autoritario que poco tiene que ver con esa "apuesta por la alegría" y la "tolerancia" de las que tanto alardearon el sábado los artistas.

Un sistema democrático está basado en la lucha entre las diferentes posturas ideológicas por el poder. Cada una de estas posturas tiene una manera de ver el mundo y las disputas -siempre respetando unas reglas básicas- entre ellas son las que van conformando una sociedad plural en la que quepamos todos. El problema radica en la visión simplista y anacrónica sobre la confrontación entre izquierda y derecha a la que aún hoy en día se aferran muchos.

Desde el mismo nombre de la plataforma, PAZ, (como si los demás fueran partidarios de la guerra), hasta la canción de Serrat que pone banda sonora a la iniciativa, "Defender la alegría", nos encontramos con un manual de base de tópicos de izquierda, destinados a tocar la fibra sensible del votante tipo del PSOE. Basándose, además, en la consigna de que la derecha, por definición, es autoritaria, rancia y oscura.

En resumen, se trata de una estrategia de hiperlegitimación de la izquierda frente a la criminalización de la derecha. Ser del PSOE no nos convierte por arte de magia en personas más tolerantes ni alegres, al igual que los votantes del PP no se esconden en frías y oscuras cavernas y emplean todo su tiempo en conspirar para que el mundo vaya peor. Eso todos los sabemos o, al menos, deberíamos saberlo. Insistir en criminalizar al contrario con argumentos rancios y banales, no lleva a otra cosa que al empobrecimiento de la democracia.

CONTAMINACIÓN EN EL ESTRECHO


Desgraciadamente el hundimiento de un chatarrero panameño a menos de 500 millas de Gibraltar y los vertidos que ha arrojado sobre la Bahía de Algeciras era una eventualidad previsible. El 12 de agosto, el New Flame, con 42.000 toneladas de chatarra en sus entrañas, chocó contra el petrolero Torm Gertrud en aguas jurisdiccionales de la Colonia. Afortunadamente el petrolero sólo sufrió daños en dos tanques de agua situados en la proa, pero el chatarrero quedó herido de muerte. Esta fue la primera desgracia; la segunda es que el accidente ocurrió en aguas gibraltareñas, pues las autoridades del Peñón han demostrado una soberana incompetencia e incapacidad para resolver la crisis.

Seis meses después llega el día de las lamentaciones: el primer ministro del Peñón, Peter Caruana, asegura que Gibraltar "asume toda la responsabilidad"; el Gobierno de España pide explicaciones a la embajadora británica y exige responsabilidades al propietario del barco; el presidente de Andalucía anuncia que la Junta denunciará al armador y a Gibraltar ante la Unión Europea... En estos casos los políticos siempre cantan la misma canción y siempre descompasada.

Caruana se defiende con que la empresa contratada para rescatar el buque, Titan Salvage, es de la máxima solvencia, pero miente cuando asegura que en el barco sólo queda chatarra y que no hay riego de vertidos. ¿Por qué, si no, Titan Salvage incluye entre sus previsiones la actuación contra la contaminación por hidrocarburos? Y lo más importante, ¿cómo se le ha podido echar el invierno encima sin retirar el buque? El kilómetro de playas contaminadas ayer por el chapapote lo volveremos a ver, y si no al tiempo.

A las autoridades españolas hay que preguntarles en qué grado han defendido la gestión conjunta de la crisis. Ya sabemos que Gibraltar no quiere injerencias, esto no es nuevo, y que rechazó la inspección de técnicos españoles; pero la diplomacia no puede rendirse, menos aún cuando en los últimos 4 años la zona ha sufrido más de 50 vertidos, por no mencionar el caso de los submarinos nucleares.

La verdad inexorable es que España tiene un problema en el Estrecho desde hace años, y si no fuerza la negociación para unificar el control de aquellas aguas seguirá a merced de la capacidad de gestión de un gobierno municipal, que a fin de cuentas es lo que viene a ser la Colonia.



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