Opinión

¿Buena voluntad?

Lucía Nieto | Martes 10 de febrero de 2009
Colombia, semana del 1 al 6 de febrero de 2009, programación y ejecución de una azarosa entrega, en módicas cuotas diarias, de seres humanos cautivos, seis en total, como gesto humanitario unilateral de “buena voluntad” que pretende manifestar la férrea disposición de las FARC en búsqueda del intercambio humanitario y la salida negociada al conflicto. Como música de fondo a la entrega a cuenta gotas, se deja sentir el murmullo del estallido brutal de un coche bomba colocado en un lugar populoso de la ciudad de Cali, frente a una comisaría de Policía, a una hora en que la gente está en la calle. Pánico, muertos, heridos, desasosiego, intimidación, terror, atentado atribuido por las autoridades a las FARC.

De ser cierta esta afirmación se trata de un cinismo sorprendente e incomprensible por parte de las FARC, dados los objetivos trazados con la entrega unilateral. Lo cierto es que durante la semana han regresado a sus casas, a los brazos de sus familiares, tres policías, un soldado y, los dos últimos políticos que tenían secuestrados y por los que podrían forzar de manera más efectiva un intercambio humanitario. Ahora han quedado en cautividad 22 miembros de la fuerza pública o quizá 23, entre policías y soldados, un General entre ellos.

Ejecutada la entrega, Alfonso Cano, hoy máximo jefe de las FARC, agradece las intermediaciones y destaca el valor de su palabra al haber cumplido con el compromiso asumido pero ¿es una palabra que tiene valor?, quiere el Sr. Cano que confiemos en él ¿y cómo?, que se le reconozca su buena voluntad ¿por qué?, que se le agradezca algo que de no ser por causa de su barbarie no tenía por que estar sucediendo, el que es liberado es por que ha estado privado de la libertad en contra de su voluntad, civiles y uniformados secuestrados…. “prisioneros” para las FARC ¿es que hay algo para agradecer?, sí, quizá, el que les hayan respetado la vida.

Forzarán Cano y su gente con su gesto de “buena voluntad” el canje de “prisioneros de guerra”, buscando con esta estrategia el reconocimiento de la existencia de un conflicto. Se trata de intercambiar 22 uniformados del “establecimiento” cautivos en la selva, encadenados a árboles y viviendo en condiciones infrahumanas, a cambio de 500 guerrilleros “prisioneros del régimen”, que se encuentran en las cárceles de Colombia acusados de terrorismo, secuestro y rebelión. Muchos de los cuales no se reconocen ya como parte del movimiento guerrillero y que, preguntados, prefieren pagar con cárcel sus antiguos vínculos antes que volver a la incertidumbre, la desconfianza y el temor de la vida en el monte.

Tantos años escribiendo esta cíclica historia de desconfianzas mutuas. Es importante poder llegar a creer en estos gestos de buena voluntad, pero la desconfianza generada no es gratuita, menos cuando estos actos están acompañados de tanta ambigüedad, ceder pero a la vez amedrentar, mostrando la fuerza que aún se tiene a través de actos de terror. Confío en que se esclarezca la autoría del atentado en Cali y que podamos asegurar que las FARC no están comprometidas, así empezaríamos a tener fe en los actos de “buena voluntad” y se despejaría el camino de la salida negociada hacia la tan ansiada paz.

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