Críticas de Teatro

Teatro para todo

el chivato

Viernes 13 de febrero de 2009
Por Real Decreto de Noviembre de 1813, se concedió a la Real Villa de la Isla de León el título de Ciudad con el nombre de San Fernando. En dicha ciudad existía un viejo recinto, el Teatro Cómico. Su propietario D. Josef Delgado Duarte, vio el cielo abierto –el teatro siempre en crisis, ¿qué crisis?- cuando su teatro fue el elegido para celebrar las sesiones de Cortes de la recién instaurada Asamblea Nacional Legislativa. Tras los trabajos de adaptación resultó un amplio patio en el que se colocó una gran mesa central, (se conserva en el Ayuntamiento) destinada al presidente y secretarios. En dos hileras de asientos al pie de los palcos se situaban los diputados y, en los palcos el cuerpo diplomático, autoridades y público invitado. Este edificio tras el uso provisional, continuó funcionando como teatro con el nombre de Teatro de las Cortes, hasta que el Cabildo isleño determinó acometer su restauración.

Poco después, el Salón de Cortes que ocupaba en Madrid el antiguo colegio de Dª María de Aragón fue trasladado por el liberal Martínez de la Rosa, a la iglesia del Convento del Espíritu Santo, cerrada desde hacía años, a causa de un terrible incendio ocurrido en 1823. La abandonada iglesia, estaba situada en la Carrera de San Jerónimo, donde se construyó más tarde el edificio actual del Congreso, cuya primera piedra fue colocada por la reina Isabel II en 1843. Hasta entonces ya se habían celebrado sesiones en el Teatro de Oriente (1841) y, durante los siete años que duró la construcción del palacio de la Carrera de San Jerónimo, se habilitó el salón de baile del Teatro Real para uso de los políticos que actúan a buen sueldo fijo, sin que en este incida el éxito o el fracaso de sus actuaciones ante el público.
El teatro es y ha sido siempre espectáculo y, en sus escenarios han ocurrido las situaciones más diversas. Ahora llueve. Llueve en el hermoso escenario del Teatro Gran Vía de Madrid y llueve sobre acróbatas, barristas, equilibristas, contorsionistas, malabaristas… y todos cantan y bailan antes, durante y después de la lluvia que cae en un escenario que aloja, por primera vez en España, al “Cirque Eloize” con su espectáculo “Rain”. Sí, en el teatro puede ocurrir de todo; hasta que llueva bonito.



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