Opinión

Sahara: más de lo mismo

Víctor Morales Lezcano | Viernes 13 de febrero de 2009
El final de la mediación del diplomático onusino Peter van Valsum entre Mohamed Abdelaziz (Frente Polisario) y el gobierno de Marruecos (M. Abbas el-Fassi) para resolver el contencioso sahariano entre las dos partes enfrentadas, se ha traducido en el nombramiento de Christopher Ross. Éste es otro diplomático estadounidense más, después de James Baker, que recibe esta vez el espaldarazo de Ban-Ki-moon para sortear las acechanzas del Escila y del Caribdis que constituye el encastillado asunto del Sahara occidental.

Mi (s) pregunta (s) a la luz de este relevo diplomático que despega con las bendiciones todas de la ONU, es (son) la (s) siguiente (s): ¿Cuánto durará el nuevo enviado especial en el ejercicio de su misión?. ¿No han agotado sus posibilidades resolutivas las rondas del neoyorkino suburbio de Manhasset?. ¿No habrá que tirar la toalla y dejar que Argel siga apoyando desde Tinduf y aledaños fronterizos a los saharauis irredentos, mientras que el trono y el gobierno de Marruecos prosiguen su habitual política en la zona, que cual Penélope inclinada a la rueca teje y desteje el hilo de la lana? ¿No habrá que dejar al azar la salida de un contencioso que ha cumplido, hace poco más de un par de años, su 30 aniversario?.

Cuando se contempla el asunto a la distancia, parece como si uno y otro contendiente en liza obtuvieran dividendos con la postergación de un acuerdo que permita lanzar la deseada operación mediadora: ¿autodeterminación, como pretende el Polisario; o bien referéndum, como mantiene Rabat?

Por seguir valiéndome de la mitología griega, da la impresión de que ambos contendientes disfrutan con el suplicio que supone el lecho de Procusto sobre el que reposa este contencioso.

Hay quien insinúa que Christopher Ross, que fue embajador de Estados Unidos en Argelia, bien podría allegar las voluntades de Bouteflika, Abdelaziz y Mohamed VI -bajo la hégira de Obama que acaba de iniciarse en la Casa Blanca americana el 20 de enero pasado- para que se rompa tanto el irredentismo polisario como el nacionalismo de Estado alauí. Mientras transcurre el tiempo, parece que el desgaste de la causa que enarbola cada una de las partes se acentúa cada vez más. Ocioso resulta añadir que el enflaquecimiento del Tesoro en Marruecos tiene una de sus causas más evidentes en este conflicto.

Todo invita, pues, a que se pacte una fórmula lo menos lesiva posible a los posicionamientos de ambas partes. Y cuanto antes se alcance aquélla, para todos mejor. Aunque nadie obtenga un 100% de satisfacción, negociar lleva implícito siempre renunciar para conseguir.

TEMAS RELACIONADOS: