Hay besos para todos los gustos: en las mejillas, en la mano o en los labios. Los han retratado en lienzos durante siglos, también esculpido y, sobre todo, filmados para el cine.
Se celebra en todo el mundo, y se hace llamar
“Día de los enamorados”, “Día de San Valentín” o “Día del Amor y la Amistad”. El 14 de febrero es el día de los regalos, las rosas, el color rojo y las tarjetas de felicitación. Pero no para todos. Cada vez son más sus detractores, para los que no deja de ser un día más en el calendario.
Más allá de los regalos y de la fiebre consumista, criticada por los que más recelan de San Valentín, siempre queda recurrir a los besos. Lo saben pintores, escultores o directores de cine, para quienes ese dulce gesto ha servido para retratar la unión, la pasión, y, cómo no, el amor. Es el caso de
Gustav Klimt, quien entre 1907 y 1908 pintó “El beso”, una obra que representa la figura de dos amantes que se abrazan en prado repleto de florecillas, sin dejar dilucidar si la pareja está sentada o de rodillas.
Otro pintor, aunque menos conocido, décadas antes, en 1859, el italiano Francesco Hayez pintaba “El beso”, un oleo cargado de sentimentalismo que sería considerado como una de las pinturas más simbólicas del Romanticismo italiano.
Francés y coetáneo de Klimt y Hayez, el francés
August Rodin esculpió “El beso” en mármol. Una pareja fundida en un apasionado beso fue ideada por el escultor para ocupar parte de “La puerta del infierno”, una de sus obras más representativas. Sin embargo, su destino iba a ser otro. Junto a “El pensador”, la pieza esculpida por Rodin fue trabajada por separado y elaborada entre 1886 y 1890, cuando el artista compartía encuentros y desencuentros con Camille Claudel, también escultora y, en ocasiones, firme competencia de su amante.
Fotograma de
Pero pronto irrumpió la fotografía y con ella el retrato del beso desde otra perspectiva. Son memorables las instantáneas captadas por el parisino Robert Doisneau y su serie Besos, que la revista “Life” le encargó en 1950 para un reportaje sobre los amantes en París. De todas ellas,
la más significativa es “El beso del Hotel de Ville”. En blanco y negro también fue inmortalizada una de las imágenes que darían la vuelta al mundo tras la Segunda Guerra Mundial: aquella en la que un soldado de la Marina de Estados Unidos y una enfermera se besaban en Times Square. Su autor, Alfred Eisenstaedt, fue considerado durante décadas uno de los fotógrafos de las celebridades.
Precisamente célebres han sido los besos de la gran pantalla. Como el de
Deborah Kerr y Burt Lancaster en “De aquí a la eternidad”. Ya en color, también lo fueron la romántica historia de Escarlata O'Hara (Vivien Leigh) y Rhett Butler (Clark Gable) o más recientemente la de Jack Dawson (Leonardo DiCaprio) y Rose DeWitt Bukater (Kate Winslet) en “Titanic”. Beso de película y original lo fue el de Peter Parker (Tobey Maguire) y Mary Jane Watson (Kristen Dunst) en “Spiderman”. Para el recuerdo también quedan los que nos dejaron los dibujos. Es el caso de
“La dama y el vagabundo”, en la que un espagueti unía los hocicos de sus protagonistas y “La bella durmiente”, un cuento romántico para niños que cumplió hace semanas 50 años de romanticismo.