África Carrera | Sábado 14 de febrero de 2009
Desde los más tempranos años de colegio, la educación venezolana le enseña a los estudiantes a celebrar el 12 de febrero como Día de la Juventud. Una fecha que no ha sido escogida al azar, sino que, por el contrario, corresponde al día de 1814 en el que un grupo de estudiantes universitarios y seminaristas, sin apenas conocimientos bélicos y comandados por José Félix Ribas, vencieron al ejercito realista en la Batalla de La Victoria, dando muestras de su coraje y amor a la patria.
Esa es, quizás, la primera clase que nos dan a los venezolanos sobre el valor y la determinación que han demostrado los estudiantes a lo largo de nuestra historia, durante la cual se han mantenido siempre en vigilia, renovándose generación tras generación, a veces contando con el resguardo de un partido político y, otras, haciendo revolución y oposición desde las aulas.
Y es que la participación de las juventudes universitarias y de los movimientos estudiantiles no sólo fue clave durante la Guerra de la
Independencia. También resultó determinante en la llamada Generación del 28, para combatir al tirano Juan Vicente Gómez. Más adelante, fueron también estudiantes quienes marcaron los días finales del dictador Pérez Jiménez; fueron ellos en muchos casos los que se alzaron en guerrilla, en los años 60, contra el régimen puntofijista; y años después realizaron grandes movilizaciones en contra de la privatización de las universidades públicas, instituciones que aún hoy educan a millones de venezolanos, con altos niveles de excelencia y a precios simbólicos.
Al regresar la mirada a nuestros días, podemos ver que, evidentemente, la juventud venezolana ha escuchado de nuevo el llamado para emprender la pelea, aunque en esta ocasión el movimiento se encuentra claramente fracturado. En esta oportunidad hay dos grandes bandos opuestos, que casi no logran escucharse entre sí y que se acusan mutuamente, sin que las informaciones sean fiables para el espectador común, pues, como ocurre con todo en la Venezuela de hoy en día, los medios de comunicación se convierten en tribunas sólo de los personajes afines a su tendencia política.
Cada bando tiene sus representantes, rostros que se han hecho cada día más conocidos para el ciudadano de a pie. Estudiantes que han saltado a la palestra, arrastrados por la necesidad de hacer valer sus voces. Así, la oposición ha visto su imagen renovada -después de tanto desgaste-, gracias al liderazgo de esas nuevas caras de la política, representadas por jóvenes pertenecientes a las diversas universidades del país -públicas y privadas-, que en esta ocasión han tomado la voz cantora durante la campaña en contra de la enmienda constitucional que busca posibilitar la postulación y eventual reelección ilimitada de quienes ocupan cargos de elección popular, propuesta que se someterá a plebiscito este domingo 15 de febrero. Son jóvenes que gozan de popularidad entre la oposición y que ya en una ocasión anterior demostraron su poder de convocatoria, cuando consiguieron movilizar a sus seguidores hasta las urnas y lograr que en el referéndum de diciembre de 2007 fuese denegada una reforma más amplia.
Por su parte, el gobierno de Hugo Chávez también cuenta con una plataforma de estudiantes que apoyan incondicionalmente las leyes, decretos y propuestas gubernamentales. El Movimiento Estudiantil Revolucionario comparte e impulsa las transformaciones del Estado, y considera que las medidas tomadas por el presidente contribuyen al cese de la opresión de las clases dominantes sobre los más desposeídos. Está conformado, en su mayoría, por estudiantes de las misiones Robinson, Rivas, Sucre, y de las universidades bolivarianas, públicas y Escuelas Técnicas Robinsonianas. La mayoría de estos entes son de nueva data, creados como escenario del oficialismo para la preparación y educación de las masas más desfavorecidas.
Lo cierto es que los jóvenes, por naturaleza, no temen en alzar sus voces delante de quien sea necesario, son opuestos a cualquier tipo de impedimento o limitaciones generadas por el sistema en el cual se desenvuelven, o, como en este caso, toman posición para defender con sus ideas lo que creen marcará la diferencia en sus vidas y la de las mayorías. Al fin y al cabo, como decía Salvador Allende, “ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”.
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