Domingo 15 de febrero de 2009
La expulsión del eurodiputado español Luís Herrero de Venezuela, en vísperas del referéndum para legitimar la perpetuación de Chávez en el poder, es sólo una muestra más del trato que suelen dar las autoridades venezolanas a los que no siguen las pautas del régimen: la mordaza. El delito de Luís Herrero fue manifestar que los venezolanos “tenían que votar en conciencia”. En un país donde últimamente la única libertad que existe es la de su presidente a la hora de proferir exabruptos, es normal que unas declaraciones cabales rechinen a las autoridades chavistas. Pero siendo grave la expulsión de Luís Herrero, lo es más si se tiene en cuenta que su presencia en Venezuela se debía a su calidad de observador internacional en el referéndum de este domingo. Por no hablar de las formas empleadas por la policía venezolana, cuyos métodos parecen sacados de algún relato de Aleksandr Solzhenitsyn.
Afortunadamente, el eurodiputado español se halla a salvo en Brasil. Algo que no pueden decir los miles de venezolanos que viven subyugados por el temor a un gobernante con infinidad de carencias intelectuales, democráticas y morales que quiere convertir a Venezuela en una dictadura totalitaria de corte comunista. El referéndum no se va a llevar a cabo bajo las mínimas condiciones de normalidad democrática. Chávez ya se ha encargado de encarcelar y perseguir a los miembros más destacados de la oposición, cerrar medios de comunicación no afines y, al mismo tiempo, valerse de sus “hordas chavistas” para sembrar el terror en aquellos lugares donde su populismo barato choca con el sentido común de sus ciudadanos. La papeleta que tiene ante sí el pueblo venezolano es complicada. Le va el futuro en ello. Pero una cosa está clara; si votan masivamente “no”, Chávez quedaría tocado. Así que, por grandes que sean los temores o las sospechas de fraude, los venezolanos deben ir a votar en conciencia. De sus sufragios depende en gran medida su inmediato horizonte político.