Alejandro Muñoz-Alonso | Domingo 15 de febrero de 2009
Cuando dentro de más o menos tiempo alguien escriba la historia de la decadencia de la democracia española, impulsada esforzadamente desde su llegada a la Moncloa por el presidente Rodríguez Zapatero, una ilustración obligada será la fotografía de la ya famosa cacería que compartieron el ministro Bermejo y el juez Garzón. En el texto adjunto se aludirá, por supuesto, a la cena a la que, a los participantes en el “hecho cinegético”, se sumaron la fiscal del caso de la supuesta corrupción que afecta, según el propio juez, a altas instancias del PP y el comisario de la policía científica que investiga los supuestos hechos. Y no se dejará de referirse a las conversaciones “tête à tête” que mantuvieron juez y ministro “para hablar de nuestras cosas”, según declaración de este último. La desvergüenza impera sin rebozo en nuestra escena pública porque, diga lo que quiera la vicepresidenta del Gobierno, el tan comentado hecho cinegético no es un episodio de la vida privada del ministro sino una contundente constatación de la absoluta falta de ética que empapa la gestión socialista y una apabullante manifestación de la instrumentación de la justicia al servicio de los intereses políticos del Gobierno socialista.
No se trata, desde luego, de un hecho nuevo porque desde que el Gobierno de Felipe González alteró la interpretación lógica y auténtica del artículo 122 de la Constitución, que regula la elección del Consejo General del Poder Judicial, era evidente que la Justicia había perdido cualquier atisbo de independencia. Escribí entonces un artículo que se titulaba “La Justicia ya no es un poder” y desde entonces no nos han faltado casos y sucesos que han demostrado que el supuesto Poder Judicial se ha quedado reducido a poco más que un departamento del Poder Ejecutivo. Sin duda, hay jueces admirables que tienen una conciencia clara de cuál es su función en una democracia y que un día tras otro hacen efectiva su independencia. Pero el poder socialista, con el tercero y el cuarto turno y con las modificaciones precisas de la Ley Orgánica del Poder Judicial, se ha dotado de los medios precisos para poner todo el aparato judicial a su servicio político. La Fiscalía General del Estado (del Gobierno, como ya es denominada por muchos) nunca había llegado a los extremos de sometimiento a los caprichos del Poder Ejecutivo como con su actual titular, el del “Guántanamo electoral” y de la “togas manchadas con el polvo del camino”. Y esa vergonzosa abyección se completa con la existencia de jueces como Garzón que, sin el menor rubor, se ponen al servicio del partido que está gobernando. Un hecho que no puede sorprender porque formó parte de su grupo parlamentario, algo que, ya por sí solo, le inhabilitaría para abrir un sumario como el que ahora le ocupa en cualquier democracia digna del tal nombre
Desgraciadamente nuestro sistema político va a la deriva y cada vez se asemeja más a esas seudodemocracias populistas que, del Caribe al Río de la Plata, cada vez se consolidan más en aquel continente que habla nuestro idioma. Por cierto que, a propósito de la crisis económica y de la ineficacia del Gobierno de Zapatero para hacer frente a ella, las publicaciones europeas ya nos han vuelto a situar entre los miembros del peyorativamente denominado Club Med y entre los países denominados “pigs” (cerdos), que son la iniciales de Portugal, Italia, Grecia y “Spain”. De ahí salimos cuando el Gobierno Aznar decidió que, contra toda esperanza, entraríamos en el euro. Y ahí hemos vuelto tras “las pobres prestaciones” de países que, como el nuestro, no han cuidado mucho el cumplimiento de las reglas presupuestarias” europeas, como decía el pasado fin de semana el International Herald Tribune. Ese va a ser el legado de Zapatero.
Ya todo el mundo sabe que en la cacería de marras lo menos importante era abatir muflones o cualquier otro desgraciado animal, víctima de este “hecho cinegético”, supervivencia aceptada de pasadas épocas y tan propio y característico del franquismo, que bien podría calificarse como “dictadura cinegética”. Tras escuchar los comentarios del ministro Bermejo, mofándose chulescamente de quienes le criticaban, era obligado celebrar el acierto de Hermann Terscht cuando se refería a “los que llevan el correaje en el cerebro”. La cacería auténtica que se planeaba en las sierras jienenses o toledanas no era la de los muflones sino la del Partido Popular. Tan convencido estaba Garzón de su éxito en este empeño que, según parece a sus invitados les convocaba para “celebrar los próximos veinte años del PSOE en el `poder”. La vieja tentación totalitaria socialista, el añorado ejemplo del PRI mexicano que nunca han abandonado a este “democrático” PSOE. Les va a costar trabajo alcanzar esos objetivos pero lo cierto es que, con esta y con tantas otras cacerías de distinto tipo, han dejado seriamente herido al Estado de Derecho. Esperemos que las heridas no sean de muerte, pero buena cosa les importa a estos el Estado de Derecho.
TEMAS RELACIONADOS: