Opinión

El aumento de la morosidad

Lunes 16 de febrero de 2009
Uno de los tópicos más recurrentes en tiempos de crisis es aquel de que cada vez cuesta más llegar a fin de mes. Y por ende, hay quien no puede hacer frente a sus deudas crediticias. Ello se percibe en la morosidad de los créditos concedidos por bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito a particulares y empresas que, el pasado diciembre, se situó en un 3,286 por ciento, cifra que no se registraba desde 1997. Dicho porcentaje es algo menor en la banca (2,8) que en las cajas de ahorros (3,79), dato éste significativo por cuanto retrata bien a las claras las consecuencias de haber sido parte activa -las cajas, sobre todo- en el crecimiento de la burbuja inmobiliaria.

Con todo, estos datos no han de circunscribirse únicamente al mercado hipotecario, sino que se refieren a la totalidad del crédito concedido. Hace no mucho, el ministro de Industria, Miguel Sebastian, manifestaba que al Gobierno “se le estaba acabando la paciencia con la banca”. Algo más cauto, el Presidente Zapatero afirmaba que quizá las entidades financieras españolas pecaban de un exceso de prudencia a la hora de conceder nuevos créditos, postura ésta con la que parecía sintonizar el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Y puede que no les falte razón; máxime, cuando han recibido una ayuda tan importante como la que se les ha otorgado recientemente. Ayuda que, al ser oficial, pagamos todos. Por eso es a ellos a quien toca ahora mover ficha. Pero también ha de entenderse la postura de la banca. Viven del crédito, es su negocio, y ellos más que nadie son los primeros interesados en seguir prestando dinero. Pero con garantías. En España, de momento, no ha sido necesario intervenir ningún banco o caja. Lo cual no significa que no haya problemas. Que serían mayor si la concesión de crédito se lleva a cabo sin las oportunas cautelas de que lo prestado podrá ser devuelto. Riesgos sí, pero calculados.

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