Carlos Arriola | Miércoles 18 de febrero de 2009
La situación del partido en el poder se asemeja al cuento de Julio Cortázar: una serie de ruidos y susurros obligan a los inquilinos a cerrar espacios de su lujosa residencia bonaerense para, finalmente, abandonarla y tirar la llave en la alcantarilla.
El miedo a gobernar está en los genes del Partido Acción Nacional. Es, quizá, el único partido que excluyó de sus estatutos iniciales la conquista del poder. Nació (1939) por oposición a la Revolución mexicana y, por ello, para perder.
De la anorexia en la que vivía, fue rescatado por los gobiernos que combatía: las reformas electorales, desde 1946 y las posteriores que introdujeron la representación proporcional en 1963, 1977, así como las incorporadas más adelante, le permitieron sobrevivir en una confortable mediocridad. El presidente Calderón, en Davos, Suiza, comparó esos tiempos con el cielo, a diferencia del infierno que representa asumir las responsabilidades del poder. Ante ellas, abandonan los espacios.
Difícilmente puede sostenerse que en México, el Estado tenga “el monopolio de la violencia legítima” (Max Weber). El desafío del narco es cada vez mayor, 826 muertos al 15 de febrero, y un general en retiro, más varios militares en activo y policías se incluyen en el número de muertos. Las manifestaciones contra la presencia del ejército se multiplican y el gobierno las atribuye al crimen organizado, con lo que exhibe su debilidad y la capacidad de acción de sus adversarios.
Las empresas de transporte se quejan del incremento (192%) del robo de mercancías, principalmente alimentos. Y esto ocurre no sólo en unidades aisladas, sino en trenes que son obligados a detenerse. El arresto de lugareños ha impedido que los robos sean atribuidos al crimen organizado, pero ello no obsta para constatar la pérdida del control del orden público y el desprestigio del partido en el poder.
Ninguna sorpresa causaron los resultados de la primera encuesta de intención de voto, publicada hace unos días, para la renovación de la Cámara de Diputados el próximo mes de julio: PRI, 40%; PAN, 25%, y PRD 14%. El Partido Acción Nacional es el único causante de esta caída por sus conflictos internos, sus innecesarios pleitos con empresarios, su mojigatería y frivolidad. Un breve repaso lo ilustra.
El pasado día 12 un grupo de diputados panistas “tomó” la tribuna contra decisiones del Ejecutivo Federal. De sus genes opositores no escapan ni cuando, se supone, están en el poder. A este insólito acto se suman las disputas por las candidaturas a diputados que rebasan la natural lucha por el poder para convertirse en arrebatiña.
El empresario mexicano Carlos Slim, uno de los más ricos del mundo, se permitió esbozar un negro panorama económico para México y fue objeto de una furibunda y soez crítica, no refutación, del Secretario del Trabajo. Otro empresario, Lorenzo Servitje (se dice que fue cercano al padre Marcial Maciel, de los Legionarios de Cristo), habló de “reformar al PAN” (quizá más a la derecha, como intentan hacerlo el presidente de la Organización Mundial de Partidos Cristianos, Manuel Espino, y Vicente Fox, su vicepresidente), y compadeció al “pobre señor presidente”, Felipe Calderón.
La mojigatería del PAN es de sobra conocida, particularmente en sus autoridades municipales. En Guadalajara prohibieron a las empleadas públicas el uso de la minifalda y en Guanajuato el besarse públicamente a todos los ciudadanos. Han sido el hazmerreír del país. Otros se aprovechan de la religión, como el diputado en el Congreso local de Querétaro que simultáneamente lleva a cabo sus tareas de legislador y una maestría en España en asuntos de “familia y religión”, seguramente impartida por alguna institución del Opus Dei o de los Legionarios. Por supuesto, sigue cobrando más de 20 mil dólares mensuales de su dieta, por “estudiar”.
Para completar el cuadro, no podían faltar los asuntos amorosos. El poderoso Secretario de Comunicaciones es protagonista de una telenovela por su antigua amante que confesó: “no quería su dinero, sólo su afecto”, ya que “me usó y me desechó”. Naturalmente hay mar de fondo pero el ridículo ya debilitó al Presidente.
No es el narco el que impide a Calderón gobernar, como afirma el director de Inteligencia de los Estados Unidos, Denis Blair, sino la incapacidad de los panistas. Los espacios del Estado han sido tomados y el margen de maniobra del Presidente se reduce día con día. Lo único que queda esperar es un desenlace diferente al cuento de Cortázar.
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