La seguridad en los países de la franja sahelo-sahariana que divide en dos el norte de Africa, los países del Magreb por una parte y los de Africa negra por otra, ha sido objeto estos días de una mini cumbre celebrada en Bamako. La capital maliense ha albergado a dirigentes de Burkina Faso, Niger, Argelia, Libia y Tchad, además de los anfitriones de Mali.
El tema central ha sido el de la seguridad y la coordinación de las politicas de los paises colindantes para hacer frente a tres problemas comunes y de amplia repercusión internacional: el terrorismo, el contrabando transfronterizo y la inmigración ilegal. En el primer capítulo, el de la lucha antiterrorista, los participantes a la reunión de Bamako tenían en agenda dos cuestiones: la insurrección tuareg contra algunos gobiernos centrales como el maliense o el nigerino; y la coordinación de la política de seguridad para hacer frente a la amenaza representada por la red de "Al Qaeda por el Magreb islámico" en la que se ha reconvertido el Grupo terrorista salafista argelino GSPC, que, al parecer, posee bases de retaguardia en toda la franja sahariana.
Coincidencia o no, el mismo día en que se abría la reunión de Bamako se firmaba un nuevo acuerdo de cese el fuego y de abandono de la lucha armada por parte de un grupo tuareg, alcanzado gracias a la mediación de Argelia. 500 hombres armados de la Alianza Democrática por el Cambio, que opera en el norte de Malí, entregaron sus armas en Kidal en presencia del mediador argelino y el general maliense Kafuguna Koné, así como del jefe de Estado Mayor del Ejército de Mali, el general Gabriel Pudiugu.
Sin embargo, el mismo día se daba también a conocer un comunicado emitido, aunque no confirmado, por el grupo terrorista de Al Qaeda en el que se reivindicaba el secuestro de dos diplomáticos canadienses y cuatro turistas europeos en la zona fronteriza entre Mali y Níger. La desaparición del enviado especial del Secretario general de la ONU, el canadiense Robert Fowler y de su colega Luis Gay, que iban acompañados de un chófer nigerino, fue anunciado a mediados de diciembre. La de los turistas europeos, un mes más tarde. Pero ha sido sólo esta semana cuando un portavoz de Al Qaeda, que se presentaba bajo el nombre de Salah Abou Mohamed, emitió un comunicado difundido por la cadena televisiva Al Yazira, reivindicando el secuestro.
Los otros dos temas inscritos en el orden del día, vinculados entre ambos, son prioritarios para algunos países del Sahel. El contrabando transfronterizo, de armas, de drogas, de mercancías y hasta de materias primas (oro, minerales raros, productos energéticos), esta cada vez más vinculado al de la inmigración ilegal. Las mismas organizaciones del crimen transnacional que lo practican, utilizan las "rutas del contrabando" para encaminar hacia los países del norte de Africa, Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania, miles de subsaharianos procedentes de Africa occidental e incluso del centro y sur del continente, candidatos a pasar a Europa de manera ilegal.
La naturaleza de la región del Sahara-Sahel, en la que las fronteras desérticas son difícilmente controlables, la ha convertido en pocos años en un terreno propicio para todo tipo de tráficos, armas, drogas, mercancias y seres humanos. Los esfuerzos unilaterales de cada pais en particular se han mostrado vanos. Solo una coordinación plurinacional y un apoyo institucional de la Unión Europea, de la Interpol y de las oficinas especializadas de Naciones Unidas, podrán hacer frente al fenómeno, han constatado los participantes en la cumbre de Bamako.