Opinión

Mercado de trabajo: la gran asignatura pendiente

William Chislett | Sábado 21 de febrero de 2009
Cuando algo no funciona, sea un reloj, un coche o cualquier cosa, lo lógico es repararlo o al menos intentarlo. La lógica, sin embargo, no se aplica al mercado de trabajo. Un país como España, que no solo ha conseguido en el último año lucir una vez más el lamentable récord de contar con la tasa más alta de desempleo de la OCDE, sino donde también la velocidad de aumento del paro durante la actual crisis está siendo la más rápida de todos los países desarrollados, claramente tiene un mercado laboral que no funciona (y también un modelo económico agotado). Incluso en los mejores momentos del ciclo económico España tiene más desempleo.

Miguel Ángel Fernández Ordoñez, el Gobernador del Banco de España, ha hecho bien en dar una señal de advertencia sobre los fallos del mercado de trabajo y la urgente necesidad de reformas. El Banco lleva 10 años diciéndolo, más o menos desde la entrada de España en la Unión Monetaria en 1999, cuando desapareció la posibilidad de devaluar la peseta para mejorar la competitividad. No hay nada nuevo en el discurso: lo importante es el timing.

Las crisis son también oportunidades. Como bien dijo Fernández Ordoñez, de la misma forma que hace cincuenta años la crisis del sector exterior obligó a España a un cambio de rumbo de la política de protección comercial, la grave crisis de desempleo hoy debería llevar a cambiar el mercado de trabajo. Lo que aparentemente era un sistema que protegía a España y que era singular, dijo, estaba llevando al desastre, por no mencionar que los productos vendidos en España eran caros y de escasa calidad. No fue hasta que se llegó a una crisis intensa y dura al final de los años cincuenta cuando el Gobierno de Franco se dio cuenta de que lo que diferenciaba a España de otros países y parecía protegerla, conseguía justamente lo contrario. Hoy nadie discute que gracias a esta apertura de la economía española al exterior, con un alto coste inicial, y que culminó con la adhesión a la Unión Europea en 1986 se ha saldado con la convergencia de España a los niveles de vida europeos.

Igual esta pasando ahora: la protección del empleo - solo de los contratos fijos porque los temporales (un vergonzoso tercio de la fuerza laboral, el doble de la mitad de la UE) tienen muy poca protección - con elevadas indemnizaciones por desempleo (dadas por las empresas) a la que se añade la prestación pública, no ha evitado que el ajuste del empleo ante la actual crisis económica está siendo más feroz que en otros países. Es palmario, dijo Fernández Ordoñez, que los mecanismos de ajuste laboral de la economía española no funcionan de la forma adecuada. Sin embargo, gran parte de la opinión pública piensa que el sistema actual protege a los trabajadores.

Es llamativo que en países que afrontan una contracción de la actividad similar a la española, la tasa de paro sólo aumentó ligeramente durante el año pasado – por ejemplo, Francia en dos décimas, en comparación con los más de cinco puntos en España. ¿Quien puede denegar los hechos?

Sin embargo, hay quien piensa que el mercado de trabajo español no es tan rígido, y así lo declaraba recientemente el Ministro de Trabajo (de hecho, es cierto que se pueden hacer contratos por una semana, por un día). ¿Qué falla, entonces? ¿La información? ¿El uso abusivo de la reglamentación regional? ¿La inspección? ¿La connivencia sindical para proteger al segmento en el que se concentran los afiliados, es decir en las contrataciones fijas? Algo habrá que hacer, en cualquier caso.

Muchos lectores tal vez se están preguntando, como lo hizo Fernández Ordoñez, ¿por qué si hasta ahora pudimos avanzar sin acometer estas reformas, es imprescindible adoptarlas ahora? Su repuesta es que el futuro de la economía española se presenta muy distinto al pasado. Gracias a los puntos fuertes de la economía (sector público reducido, privatizaciones, baja deuda pública y otros factores) y otras dos posibilidades – el recurso a la devaluación y el extraordinario aumento del endeudamiento de las familias y las empresas (excesivo en mi opinión) – la economía española ha crecido por encima de la media de la UE cada año entre 1985 y 2008, con la única excepción de los años 1992 y 1993. Aún en el supuesto que España no pierda sus puntos fuertes, el país se enfrentará a situaciones más exigentes al haber perdido los dos posibilidades. Como país de la zona euro no puede devaluar y hoy todo el mundo esta en un proceso de desendeudamiento.

No hay que plantear este debate exclusivamente en el abaratamiento del despido (solo, insisto, para los contratos fijos), lo que erróneamente no se ha tardado en hacer. Hay que encontrar también fórmulas para aumentar la productividad (empezando con una mejora sustancial de la educación básica). De lo contrario, como avisa Fernández Ordoñez, es probable que España crecerá como la media de la UE o incluso por debajo, frenando la convergencia con las otras grandes economías europeas. Hasta ahora ningún Gobierno en los últimos 30 años ha tenido el mérito de hacer las reformas laborales necesarias y tampoco se atreve Zapatero.

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