Domingo 22 de febrero de 2009
Uno de cada cuatro españoles reconocen su adicción al tabaco, y de ellos, casi las tres cuartas partes desearían poder dejar de fumar. Cuando en 2006 entró en vigor la conocida como “Ley antitabaco”, uno de sus objetivos principales era que el porcentaje de consumidores de tabaco se redujese. Y si bien es verdad que al principio se produjo una considerable disminución de fumadores, dicha cifra se ha estancado durante el último año y medio. Es por ello que el gobierno se plantea, con razón, un endurecimiento de la ley, para adecuarla a lo que es una práctica común en Europa. Países como Francia, Alemania o Irlanda mantienen la prohibición total de fumar en espacios públicos cerrados, sin que por ello se haya producido una fractura social. Simplemente no se fuma en lugares donde está prohibido y nada más.
Uno de los cometidos más importantes del Estado es el de velar por el bienestar de sus ciudadanos y es un hecho que el tabaco perjudica gravemente la salud, incluida la de los fumadores pasivos. No hay más que ver el número de personas afectadas por enfermedades derivadas del tabaquismo para darse cuenta de la magnitud del problema. Al mismo tiempo, conviene también tener presente el factor económico de la cuestión: el coste que dichas enfermedades le supone a la sanidad pública es altísimo. Razones de peso como para que el Gobierno tomase cartas en el asunto, y se decidiese a legislar en algo que iba en beneficio de la salud de todos los españoles. Lo cual, por otro lado, es digno de todo elogio. Pero con lo que no contaba el Ejecutivo era con la poca ayuda que iba a obtener de las comunidades autónomas, ya que suyas son las competencias en materia sanitaria. Por no hablar de los empresarios de hostelería, reacios a perder posibles clientes fumadores. Y, en ambos casos, la cuota de irresponsabilidad es la misma. En el caso de las comunidades autónomas, perjudicando la aplicación de una ley cuyo espíritu es el de preservar la salud pública. Y en el de los hosteleros, porque si bien al principio habría quien tendría dificultades para compaginar almuerzo y tabaco, sería una mera cuestión de tiempo. Los pubs irlandeses y las cervecerías alemanas siguen igual de llenos que siempre. No se fuma dentro, eso es todo. Y ya es hora que en España se bajen los malos humos. De una vez.