Cultura

Penélope Cruz, el Oscar a la calidad y a la constancia

la actriz madrileña hace historia

Lunes 23 de febrero de 2009
Su papel de María Elena en Vicky Cristina Barcelona le ha dado el Óscar al segundo intento -tras la candidatura como protagonista por Volver en 2006-, el Goya español y el BAFTA británico.

También el de las asociaciones de críticos de Los Ángeles y de Nueva York, así como el National Board of Review of Motion Pictures (NBRMP), la organización de críticos más antigua de Estados Unidos y el Spirit del cine independiente.

Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona



Unos premios, especialmente el Oscar, con los que Cruz ha destrozado lo que hasta ahora decían de ella los críticos, que sólo trabajaba bien en películas de directores españoles.

Algo en lo que Penélope no está de acuerdo. Pocas horas antes de los Oscar destacó a todos los directores con los que ha trabajado: "los del principio porque era nueva y los otros porque tuvieron la imaginación y la generosidad de darme personajes que no tienen nada que ver conmigo ni eran parecidos a nada que hubiera hecho antes".

Una enorme variedad de personajes y películas que la han ayudado en su camino. "Las que no fueron un éxito a nivel de crítica ni de público también son importantes por lo que significaron para mí", ha afirmado la madrileña (Alcobendas, 1974).

Y todos esos papeles le han permitido interpretar de la manera en que lo ha hecho a María Elena, una pintora española, temperamental y muy divertida, que mezcla sin ningún orden el español y el inglés, y que ha dado a la actriz madrileña el prestigio que le faltaba en Estados Unidos, donde ya antes la adoraban.

Lo ha conseguido por el papel que Woody Allen escribió expresamente para ella y en un año en el que la categoría de actriz secundaria contaba con otras tres excelentes interpretaciones, las de Amy Adams, Viola Davis y Marisa Tomei.

Cruz se dio a conocer en un vídeo del entonces superpopular grupo musical Mecano y poco después entró fuerte en el cine con Jamón, jamón (1992), donde Bigas Luna forjó su imagen sexy y racial en una historia en la que compartió cartel con el otro Oscar del cine español, Javier Bardem.

A partir de ahí encadenó éxitos: Belle Epoque (Oscar a la mejor película extranjera en 1994); Alegre ma non troppo (1994), Entre rojas (1995).

Pasó a otro nivel de la mano de Pedro Almodovar, en Carne trémula (1997) y en Todos sobre mi madre (1999), pero entre medias ya había realizado su primera incursión en el cine de Hollywood con The Hi-Lo Country (1998).

Aunque siguió actuando en España -La niña de tus ojos (1998), Volaverunt (1999) o Todo sobre mi madre (1999)-, sus miras ya estaban puestas al otro lado del Atlántico, donde insistió con All the pretty horses (2000), otro filme que no pasará a la historia, que le permitió conocer a Matt Damon, con quien mantendría una relación sentimental que la hizo popular en las prensa rosa.

Un derrotero que continuó con rumores de romances con cada uno de sus compañeros en las siguientes películas: Nicholas Cage en Captain Corelli's Mandolin (2001), Johnny Depp, en Blow (2001) y en Vanilla Sky (2001), con Tom Cruise, con quien consolidó una relación entre acusaciones de montaje publicitario. Relación que le dio una inmensa popularidad que no se tradujo en buenos papeles cinematográficos, con películas a priori interesantes que no terminaron de cuajar, como Gothika (2003) o Head in the Clouds (2004).

Tuvo que llegar el italiano Sergio Castellitto y ofrecerle el difícil papel de indigente de Non ti muovere (2004) para que Cruz se ganara el respeto de la crítica y le empezaran a llover los reconocimientos, como el David de Donatello o el de mejor actriz de los premios del Cine Europeo.

"A mí no me asusta nada, sólo necesito que me ofrezcan cosas como Italia", dijo entonces Cruz sobre su papel en la película de Castellitto.

Pero no parecieron oirla en Hollywood, donde siguieron ofreciéndole papeles inconsistentes y fue de nuevo Almodóvar el que la hizo evolucionar con Raimunda en Volver (2006), su primera candidatura al Oscar.

El Oscar lo ha recibido por un papel muy diferente a lo que suele y que parece una extensión del breve personaje que al comienzo de Carne trémula. Extrema y divertida, Cruz se ha ganado a público y crítica con una interpretación que eclipsó a Scarlett Johansson y con el que ha llegado más alto que cualquier otra actriz española.

Y casi de entre las hispanas, ya que sólo Rita Moreno (nacida puertorriqueña pero criada en Estados Unidos) consiguió antes un Oscar, en 1961, por West Side Story.

A sus 35 años, Cruz aún tiene mucha carrera por delante para seguir batiendo marcas, ser pionera y demostrar el camino recorrido desde Alcobendas a Los Ángeles.

El próximo paso: Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar.

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