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José Manuel Cuenca Toribio (historiador): "El 23-F es un capítulo tan cerrado como el de la Ilustración"

ENTREVISTA

Lunes 23 de febrero de 2009
Se presenta como "aprendiz de historiador" a pesar de llevar décadas dedicado a la investigación y docencia de esta materia, de ser Premio Nacional de Historia y autor de unos 65 libros, desde 1975 ocupa la cátedra de Historia Contemporánea Universal y de España de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba y antes de la de Valencia, de la que fue decano entre 1972-75. Sin alejarse de la Universidad, donde ha destacado desde la etapa estudiantil, José Manuel Cuenca Toribio interviene asiduamente en tertulias de televisión y radio y colabora intensamente en la prensa. EL IMPARCIAL es una de las tribunas en las que este ilustre profesor expresa cada semana sus ideas. Blanca de Ugarte


¿Se puede en la actualidad determinar las claves del 23-F?
Creo que todavía el 23-F no forma parte de la jurisdicción de Clio, la musa de la disciplina histórica. Si uno de los cerebros más prodigiosos de la política contemporánea, Chu Enlai, afirmaba que “La Revolución Francesa era un hecho demasiado reciente como para se hiciera una valoración de ella”, ¿qué se puede afirmar todavía de un acontecimiento que hace solamente 30 años que sucedió y que la inmensa mayoría de sus principales actores está viva? Todavía no se puede hablar de conocer las claves profundas del 23-F.

Tejero afirmaba, con una mezcla ironía o tal vez de realismo, que a él le gustaría que alguien le explicara lo que fue el 23-F. Por el contrario, mi entrevistado, Don Alfonso Armada, dice en el libro con el cual yo intenté contribuir a la documentación sobre este acontecimiento histórico, que él sí que conocía lo que fue el 23-F. Remito al curioso lector a su lectura para saber porqué Armada decía esto.

Se intentó mantener al máximo el secretismo y esto provocó una gran confusión. Cuando se produjo el golpe, casi nadie sabía lo que quería de una manera clara. Al final aquello quedó en una comedia de enredo donde los propios actores no sabían siquiera que representaban.

¿Por qué se produjo el 23-F?
Creo que es todavía prematuro tener un estudio historiográfico. Aún así, yo colocaría como algunos de los factores básicos que lo provocaron el estado de pleamar de las fuerzas nacionalistas, especialmente en Euskadi, y la ofensiva generalizada del terrorismo de Eta. Esto encendió las alarmas de algunos cuadros del Ejército que creían que estaba en peligro la victoria del año 39 y que tenían un derecho de patrimonio sobre la conclusión de la contienda cuyo resultado veían impedido.

¿No hay suficiente documentación para estudiar este acontecimiento histórico?
Cuando el Tribunal militar y después el Supremo dictaron sentencias sobre este asunto quiere decir que hay documentación suficiente, pero nos falta los testimonios personales de la inmensa mayoría de los actores. Desconocemos de momento las memorias de Tejero, que se dice están escritas pero no editadas. Nos faltan también las memorias de muchos capitanes generales y de muchos políticos, fuentes de enorme trascendencia. Tampoco se han exhumado las correspondencias. Mucha documentación se destruyó o se ocultó y, aunque hay hechos que se han puesto en pie con menos fuentes, no tienen tanta trascendencia como éste.

¿Pueden apreciarse en la actualidad las consecuencias del fallido golpe de Estado?
Son muchas y, aunque no se conozcan las causas, sí podemos saber sus efectos. La primera es la consolidación definitiva de la joven democracia española. El 23-F abrió el portillo para la llegada al poder del Partido Socialista, sin cuya experiencia de Gobierno la Transición se quedaba manca.

Segundo, el Ejército quedó vacunado para cualquier intento de pronunciamiento y aprendió a hacerse corresponsable del destino del país, que no responsable, ni actor, ni protagonista exclusivo, ni estamento que extiende las patentes del patriotismo. El Ejército es una organización esencial para la configuración del Estado al servicio y bajo la obediencia de los representantes del pueblo español, el único en el que reside toda la soberanía nacional.

Por otra parte, el 23-F contribuyó a la desaparición de los aires que quedaban del antiguo régimen representados por el viejo Ejército. La postmodernidad dio un paso al frente.

Claro protagonista, el Rey.
Evidentemente. El Rey actuó conforme a su papel de monarca constitucional que aplica la Carta Magna. Aún así creo, como observador de la realidad española, que el revival que tiene lugar en la actualidad, con la edición de nueva bibliografía y la proyección de series en la televisión dedicadas a este asunto, tiene un peligro: la manipulación de la figura del Rey y de la Monarquía. Los medios de comunicación han contribuido, consciente o inconscientemente, a esta manipulación. Creo que toda manipulación, aunque tenga un buen fin, es siempre mala, tanto para el país como para la institución implicada.

Concentrar en la Monarquía todos los focos de la superación de aquella situación puede llevar a sobredimensionar la personalidad de alguien que por sí mismo era un héroe, pero no el príncipe de la Edad Media que con su sable zanjaba todos los problemas. El Rey Don Juan Carlos fue intérprete de un sentir nacional y actuó conforme al juramento que había hecho.

¿Estuvo el Rey informado del 23-F antes de que sucediera el golpe?
No tengo formado un juicio definitivo sobre la actuación del Rey previa al 23-F. Lo importante es que durante y después de aquel día histórico, la actuación del Rey fue impecable.

¿Qué opina de las mini series dedicadas al 23-F emitidas durante las últimas semanas?
Es, desde luego, algo inédito en la historia de la televisión, pues en ellas se refleja un acontecimiento todavía muy reciente, cuyos actores reales continúan vivos y muchos siguen participando en la vida nacional.

Aún así, España no es Francia ni Gran Bretaña. Las reacciones que han generado estas series han puesto de manifiesto el gran vacío cultural de la sociedad española. Las élites son muy poco cultas y sus opiniones, reflejadas en las tertulias y en los artículos de prensa, muestran un déficit aterrador del conocimiento de nuestra historia reciente.

Ahora bien, “Se hace camino al andar”, como decía el gran poeta de mi tierra Antonio Machado. Y, en conjunto, estas series me han parecido positivas.

¿Qué papel jugó la prensa?
Afortunadamente en ese momento la prensa se comportó de manera responsable. La prensa constituyó una nota positiva y luminosa durante el 23-F. Su actuación fue muy patriótica: luchó por el mantenimiento de las libertades y debilitó el golpe gracias a la emisión de programas contrarios desde el primer momento.

Antes del 23F, EL IMPARCIAL, la cabecera de Emilio Romero, publicó cartas de golpistas, incluso el mismo Tejero se dirigió de forma abierta al Rey a través de ese periódico ¿Qué tiene que ver este diario con el nuestro?
Nada tiene que ver su periódico con aquel Imparcial que intervino de forma desastrosa en los orígenes del 23-F. El Imparcial de Emilio Romero y que contribuyó al caldo de cultivo del 23-F no respondía a la historia y a la tradición del gran diario liberal que ahora está intentando tomar su testigo desde unos presupuestos absolutamente democráticos, como fueron los de su movimiento, desarrollado en la primera fase.

¿Han logrado las Fuerzas Armadas reparar su imagen dañada por el 23-F?
Afortunadamente, el Ejército de hoy no se parece en nada al de 1981. Tras vacunarse de cualquier intento golpista, las Fuerzas Armadas se adentraron en el camino de la democracia hasta convertirse en uno de los estamentos donde se expresa el sentir democrático. Aún así, creo que esta institución, al igual que la universitaria, está desvitalizada, muy desvitalizada en la España de hoy.

¿Existe la posibilidad de que España pueda sufrir un nuevo golpe de Estado?
No. Ni siquiera existía esa posibilidad antes del 23-F. Lo pensaba en 1981 y lo corroboro ahora. Si por desgracia hubiera triunfado el golpe no habría durado más de 48 horas porque después hubiese tenido lugar un “golpe de sociedad”. La sociedad española en 1981 ya no podía tolerar un gobierno golpista. Creo que este es un capítulo tan cerrado como el de la Ilustración o las Guerras Carlistas.

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