Lunes 23 de febrero de 2009
La noticia de la salida del Gobierno de Mariano Fernández Bermejo, ministro de Justicia, ha llenado de satisfacción a la oposición y ha aliviado a los propios socialistas, cuya imagen se iba deteriorando por minutos con la sola presencia en el Ejecutivo de este político tan “inoportuno” en sus gestos públicos como en sus declaraciones y en sus negociaciones. Pero el hecho ha eclipsado en un primer momento las interioridades de su gestación.
¿Qué ha pasado para que en apenas seis días, el Bermejo aclamado como “torero” por la bancada socialista se haya cortado la coleta? ¿Qué ha pasado desde que dijo formalmente en sede parlamentaria “yo no dimito” hasta hacer mutis por el foro? ¿Qué le ha pasado a Zapatero, que ha pasado en cien horas de respaldar rotundamente a su ministro de Justicia a aceptarle la dimisión y nombrar con toda celeridad un sustituto?
Las fuentes cercanas a Bermejo aseguran que el ministro ya había presentado la semana pasada su dimisión, pero no le fue aceptada por Zapatero. Sin embargo, en su segundo intento, Zapatero no ha tenido empacho en admitir la salida de Bermejo, sin una resistencia digamos numantina.
Más bien parce que el intento de Bermejo ha sido una de esas famosas “puestas a disposición del cargo”, que, por otro lado se dan por supuestas en las funciones por designación, y que ha sido Zapatero el que ha reclamado el puesto. Porque a los presidentes, si pueden evitarlo, no se les dimite, pues una dimisión desgasta la imagen de los líderes.
Por eso, y para mantener su liderazgo como indiscutible, Zapatero ha tenido que destituir a Bermejo, aunque dejándole el minuto de gloria de presentarlo como dimisión. Ya se encargarán las fuentes internas presidenciales de dejar claro a sus bases y a sus cargos inquietos quién ha sido el director de la película.
Todo ello no quita para que hubiera un error de cálculo de Zapatero, al pensar que las críticas a Bermejo eran las lógicas del libreto de la oposición, sin darse cuenta de que el ministro había cometido errores mucho más graves de lo aparente en un principio. Y han tenido que ser destacados dirigentes socialistas, como Bono o Pachi López (que se estaba jugando las elecciones) los que le hayan puesto a Zapatero los pies en la tierra. O caía el cazador político (más que político cazador) Bermejo, o el “avalista” del desaguisado pasaba a ser el propio Zapatero, como apuntó Rajoy donde más dolía.
Bermejo ha caído por una revuelta interna del PSOE, que ha obligado a Zapatero a quitárselo de encima por la vía de urgencia. Se disfrace como se disfrace.
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