Opinión

Las FARC: sin rumbo ni norte

Domingo 01 de marzo de 2009
Hoy se cumple un año desde que el ejército colombiano llevó a cabo la Operación Fénix, en donde fue abatido en la frontera colombo-ecuatoriana Raúl Reyes, el intransigente número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el último mentor ideológico que le quedaba a la organización narcoterrorista. La muerte de Reyes supuso un duro golpe moral para el grupo guerrillero más antiguo de América Latina, el cual, desde principio de los años noventa, con la muerte del capo de la droga Pablo Escobar, enterró su idealismo marxista- leninista para dedicarse al capitalista imperio del narcotráfico. En un año las FARC, aquel ejercito de insurgentes que sembró el terror en Colombia en la década de los ochenta, se quedó sin su fundador, Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda (Tirofijo) y sin su principal “heredero político” y de trincheras.

Prácticamente de la noche al día, esta guerrilla que lleva chantajeando y extorsionando a la ciudadanía y al gobierno colombiano durante cinco décadas, es en la actualidad un movimiento insurrecto que perdió el rumbo y el norte. Las armas que una vez dijeron alzarse en el “nombre” del “pueblo”, ahora son utilizadas para resguardar los sembradíos y los laboratorios clandestinos de la valiosa “Boliviana Negra”, una potente coca resistente a los herbicidas, muy cotizada en el lucrativo mercado de los cárteles de la droga. Pese a que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia llevan poco más de veinte años dedicándose al narcotráfico, Raúl Reyes, en calidad de portavoz del grupo, contribuía a resguardar la imagen de “milicia revolucionaria” de las FARC de cara a la opinión pública. Con Reyes fuera del juego, esta organización terrorista es hoy por hoy, un vulgar ejército de narcotraficantes que continuarán coronando los titulares de los periódicos latinoamericanos, no sólo porque posee el respaldo de la lucrativa industria del narcotráfico, sino que también cuenta con el amparo de “camaradas” regionales, entre ellos Hugo Chávez, cuya verborrea populista suple de oxigeno a las ideológicamente asfixiadas FARC.