Opinión

Polibio y Escipión: ¿Bermejo y Garzón?

Luis Racionero | Domingo 01 de marzo de 2009
En un prólogo insólitamente extenso que Ortega escribió para el libro “Veinte Años de Caza Mayor” del conde de Yebes, explica el loguista “una de las más ilustres amistades que han existido sobre el planeta Tierra –la amistad entre el griego Polibio y Escipión Emiliano –fue ocasionada y urdida en su común afición a cacerías.

Eran otros tiempos –y otros personajes –hoy día la caza no se practica con la asiduidad que le dedicaran griegos y romanos. Por eso cabe preguntarse si la amistad de Bermejo y Garzón no se grafuó en los juzgados y luego se han ido de caza al revés que los ilustres antígüos.

Que un ministro – cace sin licencia, ese incómodo trámite que todo cazador sufre, es mal ejemplo, peor aún, para mí es llevar una repetidora –que me pareció ver en las fotos en manos de Garzón. Por lo demás cazar es legal si uno se atiene a los espacios y los tiempos marcados por la vedas.

Ortega en su precioso prólogo: “Dando corcovos como un corzo, el tema de la caza había sesgado muchas veces mi horizonte de escritor y aprovecho ahora la injustificada coyuntura para disparar sobre él a tenazón” nos explica la nobleza de la caza y sus raíces en la evolución biológica de hombres y animales. No deja tan claro en qué residía la grandeza de Polibio y Escipión, a parte de reconocer que ambos fueron los autores de la masacre de Numancia “No llevemos a mal la barrabasada que hicieron a nuestros antepasados”. En el campamento de Renieblos junto al general Escipión estaba Polibio como técnico de la estrategia e ingeniero. Acabaron con todos los numantinos.

Bermejo y Garzón no cometieron barrabasadas, sólo fue una indiscrección aparecer juntos durante un fín de semana en tiempo de veda y con un sumario en marcha. Le habían levantado la veda a los manejos especulativos del PP y, como si quisieran entrenarse a afinar su puntería, se fueron a por venados y cochinos.

Yo, que he sido cazador, ya no consigo dispararle a un ciervo después de mirarle a los ojos; en cambio aún le puedo tirar a un pájaro que no le veo la mirada. Incongruencias de un cazador iniciado por su padre y que a lo largo de la vida se vuelve taoísta.

Dice Ortega que “casi podrían comprimirse las ocupaciones felices del hombre normal en las cuatro categorías: caza, danza, carrera y tertulia”. Habría que añadir cine y televisión para ponernos al día y quizás la gastronomía desde que España es un país regado y turístico.

Pero, estará pensando el lector, ¿por qué evocar a Polibio y Escipión? Pues para elevar el nivel, para mitificar lo cutre y, ante la mezquindad del presente, “sentir bajo nuestras plantas pulsar el profundo pasado humano”.

TEMAS RELACIONADOS: