Opinión

Galicia y Euskadi: un cambio necesario y significativo

Lunes 02 de marzo de 2009
Las elecciones autonómicas que ayer domingo tuvieron lugar en Galicia y Euskadi han plasmado la vuelta del PP al gobierno gallego y la posible pérdida de la hegemonía del PNV al frente del ejecutivo vasco. Por lo que respecta a las elecciones gallegas, los populares se quedaron hace 4 años a un puñado de votos de revalidar la mayoría absoluta, circunstancia ésta que fue aprovechada por socialistas y nacionalistas radicales para llegar a un pacto de gobierno. La legislatura presidida por el bipartito PSDG-BNG se ha caracterizado por adjudicaciones millonarias poco claras, despilfarros más que discutibles a costa del erario público y la invención de un problema, el de la lengua, que nunca había existido en Galicia. Además la cohesión de la coalición socio-nacionalista brillaba por su ausencia. Así se entiende que el candidato popular, Alberto Núñez Feijoo, haya salido finalmente victorioso; incluso con una alta participación y a pesar de que cabría reprocharle que no haya sido capaz de haber llevado a cabo una renovación del PP gallego más integradora. De haberlo hecho, es posible que su victoria hubiese sido incluso más abultada.


En Euskadi las cosas no parecen estar tan claras. Vaya por delante que cualquier resultado electoral vasco hay que interpretarlo en clave de impureza democrática, toda vez que los partidos políticos no nacionalistas parten con una clara desventaja respecto a sus oponentes nacionalistas, como ha recordado, con razón, la dirigente de Unión Progreso y Democracia, Rosa Díez, la misma noche electoral. Desventaja que se traduce en que los nacionalistas hacen campaña con comodidad y seguridad, mientras los que defienden posiciones constitucionalistas sufren coacciones, cuando no se juegan la vida. Pero con independencia de especulaciones sobre qué pasaría si en Euskadi hubiese plena libertad, es un hecho que sus ciudadanos se han pronunciado a favor del cambio. PSE, PP y UPyD alcanzan una mayoría suficiente, la cual les permitiría formar gobierno. Bien es verdad que hay diferencias entre ellos que, a día de hoy, parecen difícilmente salvables, pero no es menos cierto que lo que se juega en estas elecciones trasciende los límites de la comunidad autónoma vasca. El hecho de que el PNV pudiese perder el poder en Euskadi significaría que el nacionalismo radical perdería a su vez el paraguas que le brindan sus “hermanos mayores”. Y eso podría redundar en el menoscabo de la que ha sido una de las señas de identidad de la vida política vasca durante estos últimos años: la impunidad de determinados sujetos que delinquen en nombre de un secesionismo criminal y violento. Con la imprescindible e hipócrita complicidad, por otra parte, de sus correligionarios “moderados”, en realidad, radicales, aunque pacíficos.


Pero si hay un denominador común en los resultados de ambos comicios es el fracaso de la fórmula socio-nacionalista que ha sido la seña de identidad política del señor Zapatero. Ya se atisbaba en Galicia, donde los recelos entre los dos socios de gobierno fueron una constante durante toda la legislatura. Y por lo que respecta a Euskadi, queda demostrado que la combinación constitucionalista que en su día intentaron Mayor Oreja y Redondo Terreros era viable. Mientras, la fórmula Zapatero-Blanco de matrimonio morganático con los nacionalistas ha fracasado. Porque es un hecho que los socialistas han perdido clamorosamente cuando han ido coaligados a los nacionalistas, como en Galicia, y obtenido un éxito espectacular cuando han presentado banderín de enganche solos y frente a los nacionalistas, como ha sido el caso del País Vasco. Ahora le toca mover ficha a Patxi López. El verá a quién prefiere de compañero de viaje: a Ibarreche o a Basagoiti. La experiencia nacionalista ya se conoce, y visto lo visto, iría bien un cambio de aires. Ese y no otro ha sido el sentido del voto vasco. Que tomen buena nota en la sede socialista de la calle Ferraz porque, con toda probabilidad, el electorado en general -y el socialista, en particular- de toda España vigilará con atención los movimientos de los señores Zapatero y Blanco.

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