Martes 03 de marzo de 2009
Hace exactamente un año atrás el presidente de Ecuador Rafael Correa rompió relaciones bilaterales con Colombia, debido a la incursión efectuada en territorio ecuatoriano por las fuerzas armadas colombianas con ocasión de la Operación Fénix, que acabó con la vida de 17 guerrilleros del las FARC, entre los que se encontraban su muy buscando número dos: Raúl Reyes.
A partir de ese momento, ambos países se enredaron en un enfrentamiento diplomático que estuvo a punto de terminar en un enfrentamiento armado, por culpa de la intromisión de Hugo Chávez, quien, en vez de mantenerse al margen de la situación o limitarse a solicitar “explicaciones” como el resto de sus colegas en la región, se dedicó jugar el papel de la comadrona del barrio para sembrar cizaña e incitar a Correa a que le acompañara en sus aventuras violentas.
Si bien, el gobierno de Uribe incurrió en una violación del derecho internacional aquel 1º de marzo de 2008, también quedó evidenciado que Ecuador ha sido una valioso santuario para los narcoguerrilleros de las FARC y su alta jerarquía, porque se han amparado en ese “derecho internacional” para llevar a cabo sus actividades ilícitas.
En estos tres años en que Correa está al mando del país, en ningún momento el presidente ecuatoriano ha hecho el gesto de tenderle la mano Uribe para luchar codo con codo contra una guerrilla que se ha dedicado en diseminar la violencia y el narcotráfico, tanto en su país como por toda la geografía sur americana. Al contrario, ha preferido asumir la misma postura que su homólogo Hugo Chávez para convertirse en el doliente de Reyes. En aquel momento Correa se dedicó a denunciar a Uribe ante el Grupo de Río como el gran terrorista latinoamericano, cuando terroristas son aquellos que reclutan a niños y a adolescentes para disparar un arma en nombre de una revolución que desconocen, los que atentan contra los ciudadanos de su país, los que han sembrado aquella minas que han mutilado el cuerpo y los sueños de campesinos trabajadores, los que extorsionan a personas inocentes, y los que son capaces de entregar a los familiares de los secuestrados el cuerpo mutilado de ese ser querido en bolsas negras de basura.
Es cierto, Álvaro Uribe cometió un acto que perfectamente puede ser reprobable en cuanto a la legislación internacional. Pero es legítimo preguntarse si es más punible usar todos los recursos disponibles del estado para combatir un cáncer como la guerrilla colombiana o ser un beneficiario de ella.
El domingo, el ex presidente de Ecuador Lucio Gutiérrez, en declaraciones para el periódico El Colombiano, acusó a Correa de recibir dinero de las FARC y del narcotráfico para su campaña política, una imputación, poco conveniente que le llega al presidente ecuatoriano en medio del escándalo Chauvín y a dos meses antes de las presidenciales de abril.
Al parecer este cierto socialismo del Siglo XXI, además de vestirse de populismo y charlatanería, sabe llevar muy bien la máscara de la doble moral.
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