Opinión

Venezuela, después del referéndum

Sadio Garavini di Turno | Miércoles 04 de marzo de 2009
A pesar del obsceno y descarado “ventajismo”, de la ilegal utilización del inmenso presupuesto nacional, de la intimidación de los empleados públicos, de las “trampas” que se hicieron donde no había testigos de la oposición y de haber transformado el referéndum, para permitir la reelección indefinida, en un plebiscito sobre su permanencia en el gobierno, Chávez bajó su votación del 62,84% de las elecciones presidenciales del 2006 al 54,85%. La alternativa democrática subió del 36,9% al 45,63%. En dos años, una diferencia de 26 puntos se redujo a nueve. Este es el dato duro, indiscutible y comparable. En cambio, los resultados del referéndum del 2007sobre la reforma constitucional, que Chávez perdió por un punto, no son comparables. La victoria del NO, en esa ocasión, se debió a que buena parte del voto chavista se abstuvo o votó en contra, porque no le gustó el contenido de las reformas, particularmente las que afectaban al derecho de propiedad y a la educación. Por eso la abstención en el 2007 alcanzó el 44,1%, en cambio en el referéndum del 15 de febrero sólo fue del 30%. Esta vez, solamente se midió el apoyo a Chávez. Lo que ha logrado la oposición, en estos dos años, es una hazaña, tomando en cuenta que enfrenta, sin tener todavía un liderazgo claro y consolidado, a un “animal político” de primera, carismático y con una enorme capacidad de trabajo, como candidato. Sin embargo, esta victoria se obtuvo al final de la época de oro del chavismo, cuando se disfrutó de los más altos y sostenidos ingresos fiscales de la historia de Venezuela. Si con ese dineral un gobierno, con todo el poder del Estado a su disposición y diez años de tiempo, logra sólo obtener el apoyo de poco más de la mitad del país, es evidente que ha sido de una incapacidad y una ineficiencia descomunales. Podemos imaginarnos cómo gobernará en la época de “vacas flacas”, que se avecina. El sol está a las espaldas de Chávez. El caudillo, ya no puede ocultar su vocación totalitaria, de clara matriz castro-comunista. San Agustín decía que los humanos tenemos tres clases fundamentales de deseos: la “libido sentiendi”, la “libido cognoscendi” y la “libido dominandi”. La “libido dominandi”, la concupiscencia por el poder de Chávez es espantosamente patológica. La alternativa democrática, integrada hasta hace muy poco por múltiples grupúsculos, se ha “coagulado” finalmente en cuatro grandes partidos: Nuevo Tiempo, COPEI- Partido Popular, Acción Democrática y Primero Justicia, acompañados de dos menores, pero políticamente relevantes, MAS y PODEMOS. En vista de las próximas elecciones de concejales y las parlamentarias del 2010, es fundamental iniciar inmediatamente a trabajar por las candidaturas unitarias y la necesaria unidad de mando. Debe crearse una instancia unitaria de decisión, para la que podría llamarse Convergencia Democrática (CD), recordando la exitosa experiencia chilena, frente a Pinochet. La CD debe proyectarse como la alternativa democrática a este gobierno ineficiente y corrupto. El programa alternativo de país existe, sólo hay que proyectarlo inteligentemente. La lucha sigue y consiste fundamentalmente en modificar la actual correlación de fuerzas. Hay que seguir trabajando para crear una nueva mayoría. Ya falta menos. Viene la inexorable decadencia del chavismo. Como dice Giovanni Sartori: “Toda legitimidad se deteriora, después de una prolongada ineficiencia”.

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