Miércoles 04 de marzo de 2009
Hace pocas fechas; Raúl Castro efectuaba una remodelación en su gabinete. Lo llamativo de esta situación fue la salida de dos “históricos” de la dictadura cubana, y teóricamente afines a la línea más ortodoxa propugnada por Fidel: el titular de Exteriores, Felipe Pérez Roque, y el secretario del Consejo de Ministros, Carlos Lage. Si alguien dudaba de quién manda realmente en Cuba, no tiene más que acudir a las declaraciones del “retirado” Fidel Castro, quien sentenciaba con una frase el porqué de la defenestración de ambos cargos: “el enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos”.
La llegada al poder de Raúl Castro hizo concebir a más de uno esperanzas de que algo podía cambiar en Cuba. Pero tras unos comienzos en los que parecía atisbarse formas algo menos ásperas, la realidad es que los cubanos siguen padeciendo los efectos de una dictadura totalitaria que dura ya más de medio siglo. Parte de la izquierda europea -y la española en su totalidad- ha mostrado siempre una actitud entre ambigua y complaciente hacia el régimen cubano. Lo que, por otra parte, le ha supuesto a Castro un balón de oxígeno del que han carecido otras dictaduras, sobre todo del Cono Sur. Pero lo único cierto es que, en pleno siglo XXI, el pueblo cubano sigue sojuzgado por una tiránica dinastía, la de los Castro, que no permite que su gente viva en libertad. Por eso da lo mismo quien se marche o quien venga; mientras sigan Raúl y Fidel, no habrá cambio que valga. Y ya va siendo hora de que la democracia entre en Cuba de una vez por todas.
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