Antonio Hualde | Miércoles 04 de marzo de 2009
El 24 de junio de 1947 el aviador Kenneth Arnold se hallaba sobrevolando las inmediaciones del monte Rainier, en Washington, cuando vio ante sí algo que le inquietó profundamente. Desde la carlinga de su avión pudo divisar a un grupo de extraños objetos -nueve-, volando en formación y a una velocidad impensable. La forma de aquellos objetos era parecida a la de un plato, y por supuesto, nadie fue capaz de averiguar su procedencia. Nacía así el “fenómeno OVNI” y la denominación “platillos volantes” para referirse a cuantos artefactos indefinidos surcan nuestros cielos.
Desde entonces, infinidad de libros, películas y reportajes supuestamente reveladores han defendido la hipótesis de que hay vida extraterrestre, y que nuestro planeta recibe visitas más o menos hospitalarias. En torno a todo este asunto, considerado “poco serio” incluso en los ámbitos más conspiranoicos de la ciencia ficción, se ha congregado desde siempre una auténtica legión de pirados que no hacían sino desacreditar algo que no merecía semejante ridículo. Roswell, por ejemplo. Visitar hoy la pequeña localidad de Nuevo México es asistir al templo del merchandising de los ovnis. Tazas, camisetas, pins e incluso visitas guiadas a la zona donde supuestamente se estrelló una nave alienígena en 1947. Y curiosamente, todo este show es presuntamente utilizado por alguna agencia más o menos secreta del gobierno norteamericano, que no estaría dispuesta a que se supiese la verdad, y que se aprovecharía de todo el circo montado alrededor de los “hombrecillos verdes” para demostrar que todo es una farsa. Esto al menos es lo que piensan algunos “visionarios”.
¿Y lo es? Quizá no tanto. Bien es verdad que hay mucho farsante en todo este tema. Pero qué razón podría tener un comandante de Aviaco para poner en juego su prestigio profesional asegurando que vio lo que vio en el aeropuerto valenciano de Manises. No sólo él y la tripulación del Caravelle que pilotaba, también personal de la torre del aeropuerto y más de un controlador aéreo fueron testigos del extraño objeto luminoso que seguía al avión español. Algo parecido podrían contar -que de hecho lo hacen, pero en privado- pilotos civiles y militares de medio mundo. Como el hoy general Miguel Lens, que persiguió a uno de estos ovnis desde la base de Los Llanos. Su caso es uno de los expedientes desclasificados por el Ejército del Aire español, y desde luego no es el único. Ni el último. Aunque no se sabe si por la crisis o el calentamiento global, pero hace ya tiempo que no se tienen demasiadas noticias de nuestros visitantes del espacio. De hecho, su momento de gloria fue en los años 70 y 80, sobre todo a raíz de que Charles Berlitz publicara su exitoso “El Triángulo de las Bermudas”, donde relataba los extraños sucesos acaecidos a barcos y aeronaves que sobrevolaban la zona. ¿Será verdad que hay alguien ahí fuera? Será. De otro modo, la Iglesia no habría admitido que puede haber vida exterior. Qué cosas.
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