Javier Cámara | Jueves 05 de marzo de 2009
Me produce una gran tristeza todos estos tejemanejes corrupto-político-judiciales preelectorales. ¡Como si después ya no los hubiera! Es increíble que, finalizado un proceso electoral, desaparezcan del mapa los casos de corrupción. ¿Hasta cuándo, hasta las europeas?
Es alucinante comprobar cómo unas elecciones actúan a modo de laxante y tras su paso se acabó la mierda. Ya no hay filtraciones interesadas a diarios interesados. La Fiscalía rechaza ahora enviar el caso de Garzón al Tribunal Supremo al no apreciar indicios contra altos cargos del PP. Nuevo episodio del mediático magistrado, aspirante ahora a presidir la Audiencia Nacional. ¡Lo que sea por la foto!
Mientras, la crisis continúa y Zapatero sigue sin hacer nada para paliarla. El paro no para de subir y los sindicatos han decidido manifestarse, pero contra Esperanza Aguirre, seguramente la gran culpable de los males económicos de este país. Las empresas siguen perdiendo dinero y muchas cerrando, no se vende ni un coche, el PIB se hunde y la producción industrial le acompaña.
Pero además, ahora los que amenazan no son sólo los pistoleros de ETA. También el PNV asusta a los vascos –y las vascas– con las graves consecuencias de que gobierne en el País Vasco un partido de los llamados constitucionalistas. Pepín Blanco y Leire Pajín a tortas por la derrota del PSOE en Galicia.
Un país que sólo ha conseguido bajar la entrada de inmigrantes ilegales a base de poner la economía a niveles que no sostienen ni a los que ya estamos aquí, en el que la Justicia sigue sin ser justa con una administración de vergüenza y en el que, además, no para de nevar y llover, no es buen destino.
Y seguimos: los espías espiados de la Comunidad de Madrid explican cómo no hacen nada de lo que se supone que es su trabajo, Bermejo pagando multas cinegéticas, los mentideros farfullando sobre un posible adelanto de elecciones generales, los periódicos cerrando y despidiendo personal por la falta de financiación publicitaria…
Por todo esto: ¡gracias Coca Cola!
No tengo por costumbre hacer publicidad gratuita en los reportajes, noticias o columnas que escribo a no ser que haya un buen motivo. Si hablo bien de alguna marca es porque, desde mi punto vista, lógicamente, considero que merece la pena ser resaltado.
En unos tiempos en los que aumenta de forma alarmante el número de abortos porque –atendiendo a razones de estabilidad emocional– los proyectos de padres se replantean su condición bajo la premisa de que “cómo van a traer un niño a este mundo con la que está cayendo”; y en una sociedad en la que cada vez más se arrincona y aparta todo aquello que implique vejez, senectud y lo que se considere fuera de toda productividad (¡qué error!), se agradece que un anuncio publicitario consiga hacernos sonreír y, a la vez, soltar una lagrimilla.
Una historia que cuenta la alegría de un hombre que ha cumplido 102 años y que viaja desde Mallorca para ver a una niña en Madrid de 19 horas de vida para decirle que “hay que disfrutar de los buenos momentos” y que "lo único que no te va a gustar de la vida es que es que te va a parecer demasiado corta", desde luego que “destapa la felicidad”.
Y digo yo: ¿Han escuchado a alguno de nuestros líderes políticos decir que su máxima prioridad es que seamos felices? Yo no. Pues lo dice el anuncio y lo decimos muchos: “Estamos aquí para ser felices”.
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