Sábado 07 de marzo de 2009
Baltasar Garzón se ha inhibido. Por fin. Y no ha debido de ser fácil. Desprenderse, así como así, de un sumario que ocupa tantas portadas, para que sigan la causa jueces del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y Valencia respectivamente a los que nadie conoce: ¡qué desperdicio!. Esa podría haber sido la reacción verosímil del postulante a presidir la Audiencia Nacional. Por la cual, dicho sea de paso, ya no desfilará media cúpula directiva del PP, como en su momento se llegó a sugerir. Puestos a elucubrar, se aseveró que había una trama de corrupción orquestada desde la sede popular de la calle Génova. Que en la misma estarían implicados dirigentes nacionales, senadores y diputados. Y que todo ello obedecería a la aviesa intención de financiar ilegalmente al PP, quien habría ingresado en sus arcas sustanciosas cantidades obtenidas de modo ilegal.
Pues no parece que lo publicado y ventilado corresponda exactamente a la realidad. Ha sido levantarse el secreto -si es que alguna vez lo hubo- del sumario y desvelarse que la presunta trama se circunscribe a cuatro trajes y un chaleco obsequiados al presidente de la Generalidad Valenciana, Francisco Camps, y a una televisión de plasma al alcalde de Pozuelo de Alarcón, Jesús Sepúlveda. El tesorero nacional del PP, Luís Bárcenas, sobre el que se vertieron todo tipo de acusaciones, en libertad sin cargos. Como tantos otros. Es lo que tienen los sumarios instruidos por Garzón: todo el mundo los conoce porque salen en las noticias, porque los inocentes en ellos mencionados quedan con el honor mancillado -y nunca restituido- y porque los verdaderos culpables se van casi siempre de rositas por defectos de forma. Es lo que tiene instruir a toda “Prisa”.
Y ahora que el caso parece más claro, es momento de hacer una serie de reflexiones. Como por ejemplo, porqué se inhibe Garzón justo después de las elecciones, cuando en su último auto insinúa -Garzón siempre insinúa- que el origen de todo este asunto está en el conocimiento que tuvo de las presuntas irregularidades autonómicas de Valencia y municipales de Madrid. O lo que es lo mismo, que desde el principio hubo aforados. Entonces, ¿Porqué no se inhibió mucho antes? Y por otro lado, a los que durante semanas han sido señalados con el dedo acusador de los de siempre, para luego tener que desdecirse al conocerse que eran inocentes, ¿quién les compensa por haberse cuestionado su honorabilidad? Demasiada gente ha padecido y está padeciendo todavía indefensión: por las insinuaciones, sugerencias y sospechas arrojadas por un profesional mediocre, más interesado en el la imagen mediática que en la precisión jurídica, por ciertos grupos editoriales y financieros con problemas de liquidez y continuidad, por coincidencias –y malos resultados electorales- y porque el propio Partido Popular contribuye a la ceremonia de confusión negándose a abordar el tema con valentía y claridad.