Opinión

Momentos bajos

Mariana Urquijo Reguera | Sábado 07 de marzo de 2009
Obama hace unos meses prometía aplicar la pócima mágica para “el cambio” que solucionara los problemas endémicos de EEUU. Pero si su país necesita una pócima, en España necesitamos varias marmitas de aquellas de las que bebía Obélix para combatir a los romanos. Quizá la primera pregunta sería ¿y cuáles son nuestros romanos?

Estaría bien una pócima para encantar al electorado (léase ciudadano con necesidades) para que se evadiera de los mil problemas que cada día se insertan más en las entrañas de nuestra sociedad. Pero eso sería hacer un llamamiento a que la sociedad se convirtiera en psicodélica para que viera, percibiera y sintiera de otra manera, ir-real o hiper-real, según se mire, según se quiera, la situación actual.

O más bien, habría que darle el jarabe del marmitaco a los políticos, para hipnotizarlos y que fueran ellos los que cambiaran. Porque si no, ¡que alguien me diga cómo demonios remontar el momento tan bajo que vive nuestra política! Nuestra clase política llena la vida cotidiana, la propia y la ajena, de injurias, de amenazas, de mentiras constantes al servicio de una imparable lucha por el poder.

¡Díganme cómo hacer para que dejen de actuar por el mero poder! El poder por el poder. Seguro que algún sesudo filósofo ya habló de esto, pero hoy soy incapaz de recordarlo. Están de más la teoría ante hechos y sentimientos tan concretos, tan palpables.

Hoy más que nunca, cuando vivimos una realidad reducida a discusiones dicotómicas, es necesario recordar que no es la única manera de pensar, sentir y vivir. Aunque el mundo informático nos diga que todo se reduce a un uno y a un cero, al que sólo hace falta sumarle sus variantes bien/mal, verdad/mentira, tu/yo, ellos/nosotros… hoy, está el pensamiento feminista para recordarnos que eso no es todo.

Esa forma de pensar, más allá del egoísmo y del maniqueísmo, hoy, lo revindica el feminismo de hombres y mujeres que buscan un modo de vivir donde se lucha por la igualdad real, contra las desigualdades que existen (estructuralmente y a todos los niveles: económico, político, discursivo, simbólico, material, emocional), un mundo plural, no enfrentado sino en solidaridad y cooperación, en mutuo enriquecimiento de lo diverso y lo propio. ¡Vaya que cosas! ¿eh?

El imaginario colectivo asocia estos valores al modo de ser propio de las mujeres. No por casualidad la mayor parte de las tareas de cuidados las desempeñan las mujeres, en la casa, alimentación, limpieza del hogar y de las personas que lo habitan, de los niños y niñas, de los enfermos y enfermas, de los discapacitados y discapacitadas, ancianos y ancianas, amigos, amigas, familia, parejas… la mayoría de las tareas de la educación recaen sobre las mujeres. No por casualidad, por esos mismos trabajos y por el modo de desempeñarlos, se asocia a las mujeres con valores como la solidaridad, el altruismo, la dedicación, la tolerancia, la paciencia. Todo ello, aunque sea en pequeñas dosis, no le sobraría a la actual clase política española.

Cuando la política atraviesa las turbulencias del abuso de poder, quizá es un buen momento para dar una vuelta a los conceptos y al imaginario, salir hoy a la calle y recoger ideas de las miles de mujeres que hoy celebran que siempre han trabajado, pero que no siempre se ha reconocido.

Porque la política aprenda algo de cooperación, solidaridad, cuidado, dedicación, solidaridad, responsabilidad:

¡¡QUE VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES!!!

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