Opinión

En el Día Internacional de la Mujer

Domingo 08 de marzo de 2009
Este domingo se conmemora, como cada año desde hace ya casi un siglo, el Día Internacional de la Mujer. Partidos políticos y organizaciones de todo el mundo homenajean en esta fecha a las feministas que combatieron y que combaten aún hoy por poder trabajar en pie de igualdad con los hombres. Al mismo tiempo, los organismos internacionales recuerdan la situación de discriminación y sometimiento que padece la mujer en gran parte de este planeta, conminando a los gobiernos a que den pasos para avanzar en la igualdad de derechos. Lejos quedan ya en España y en Europa las arduas batallas de las feministas que reclamaban cosas hoy tan cotidianas como el voto, el divorcio o una educación igualitaria. Precisamente por ello, porque parece lejos en el tiempo, uno corre el riesgo de perder la memoria y banalizar una lucha, la de las mujeres, que nunca ha discurrido por un camino de rosas.


Desde las primeras reivindicaciones del siglo XIX, donde encontramos como exponente precoz a la genial Emilia Pardo Bazán, la mujer ha ido cosechando pequeños éxitos, conquistando parcelas de libertad con gran esfuerzo. Gracias a nombres como Clara Campoamor, Victoria Kent o Dolóres Ibárruri, el parlamento de la República Española de 1936 sería uno de los que reuniría más mujeres en el mundo hasta el momento. Y, sin embargo, se podían contar con los dedos de las manos. Pero después de la Guerra Civil española, durante el primer cuarto de siglo del régimen franquista, la mujer tenía la consideración de un menor y sus derechos se vieron severamente recortados, aunque el fuerte desarrollo económico contribuyó a la independencia de la mujer de hecho, ya que no de derecho, desde los años los años sesenta. Y, por fin, la Constitución Española de 1978 vino a reconocer la plena igualdad de derechos. Desde entonces, se han venido sucediendo distintas medidas para conseguir la igualdad efectiva, que no es lo mismo que la jurídica. Y aún hoy, cuando se ha avanzado tanto, la situación laboral de la mujer en España –y mucho más en otros países de nuestro idioma- continúa siendo discriminatoria. Su presencia en puestos de responsabilidad es sensiblemente menor que la de los hombres, y continúa recibiendo un sueldo inferior al de un varón por desempeñar el mismo cargo. Además, su condición de posible madre le impide competir en igualdad por acceder a un puesto. Con todo, la masiva incorporación al mercado laboral de la mujer, en el último medio siglo, en España y en Europa, ha significado una enorme contribución a la riqueza de nuestros países y una revolución social silenciosa pero profunda. Por todo ello, el día que hoy conmemoramos alberga tanto o mayor sentido que cuando se institucionalizó en 1910. Y por ello también, la lucha de la mujer no debe ser preocupación exclusiva de las feministas, sino que ha de constituir una preocupación y un compromiso de toda la sociedad.