Joaquín Vila | Domingo 08 de marzo de 2009
Los dirigentes del PP han pasado de la noche (1 de marzo) a la mañana (2 de marzo) de sentirse acorralados, perseguidos y al borde del abismo a sacar pecho y mirar a Zapatero casi con desdén. La aplastante victoria en Galicia ha sido un revulsivo psicológico de tal calibre que Rajoy y sus más íntimos ya sueñan con llegar a la Moncloa, incluso antes de 2012.
Ahora, los dirigentes del PP se susurran el siguiente cuento de la lechera. Primero, van a regalar sus votos a Pachi López, los quiera o no, para que gobierne en el País Vasco sin rozar la Constitución y mandar, de paso, a su casa a Ibarreche con su rancio nacionalismo a cuestas. Así, además, el PSOE perderá sus apoyos parlamentarios en el Congreso de los Diputados. Zapatero va a tener que hacer jeribeques para aprobar cualquiera de sus ocurrencias.
Luego, desde Rajoy hasta el último militante del PP están convencidos de que en las elecciones europeas van a arrollar. La euforia gallega les llevará en volandas. Mientras tanto, la crisis económica va a provocar un cataclismo político y social de tal calibre que Zapatero, quemadas sus naves nacionalistas, se encontrará solo ante el peligro. Entonces, el PP le clavará la puntilla con una moción de censura que dejará al Gobierno tan grogui y desamparado que se verá obligado a adelantar las elecciones. Rajoy ya tiene preparado el eslogan: ¡Váyase señor Zapatero!
En el último capítulo del cuento de la lechera, aparece Rajoy en el balcón de Génova celebrando su contundente victoria electoral. Todavía se desconocen los dirigentes que le arroparán en esa noche de apoteosis. Gallardón estará.
Lo que quizás no han previsto los eufóricos dirigentes del PP es que José Blanco y Garzón no descansan. Zapatero, sí; pero, ellos, no.
El ejército mediático dirigido desde la calle Ferraz anda en busca de pruebas que incriminen a cualquier responsable político del PP. Si alguien ha hecho unas fotos en la Puerta del Sol en las que aparece Esperanza Aguirre hablando por el móvil es evidente que estaba urdiendo una trama de espionaje. Y así se publicará a toda página en cualquier periódico. Luego, ya veremos.
Si Rajoy tiene una prima segunda que ha tomado café con el tal Correa tendrá que explicar en la Audiencia Nacional si se está financiando ilegalmente el partido. Y se publicará a toda página en cualquier periódico. Luego, ya veremos.
Y, desde luego, si a Camps alguien le regala una corbata, tendrá que dormir un par de noches en el calabozo. Y se publicará y ya veremos. La corrupción se extiende por el PP como un reguero de pólvora. Esto ya se ha publicado.
El cuento de la lechera del PP puede tener su final feliz en el balcón de Génova con Gallardón aplaudiendo como un loco. La gestión de Zapatero en general, pero en especial ante la crisis económica, sería motivo suficiente para que eso ocurra cuanto antes. Pero que los dirigentes del PP no se lo crean todavía.
La victoria en Galicia, sin duda, le ha asegurado a Rajoy una temporadita su poltrona en Génova. Pero, euforias aparte, las rencillas internas y el guirigay siguen instalados en el partido. Para atronar en el Hemiciclo con el eslogan “¡Váyase señor Zapatero!”, el presidente del PP tiene que dar un giro radical: plantar cara al Gobierno, como en la legislatura anterior, sin complejos, atajar las rencillas internas del partido y, sobre todo, no debe de perder de vista ni a Blanco ni a Garzón. Que no descansarán hasta que vuelvan a colocar al PP al borde del abismo. Y ya se sabe que, aunque Zapatero sí, ellos no descansan.
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