Juan José Alonso Millán | Lunes 09 de marzo de 2009
Ya iba siendo hora, de que escribiera de un viejo amigo, ligado al mundo del teatro. La lisonja no me va. Detesto hablar de los políticos cuando están en el candelero. Conocí a José Manuel Garrido cuando era el baranda de la escena española desde el Ministerio de Cultura. Con Solana de ministro, inventaron el INSTITUTO NACIONAL DE LAS ARTES ESCÉNICAS Y DE LA MÚSICA, conocido en su casa por el INAEM. Al frente, Garrido, que desarrolló su gestión sin sectarismo, benefició al teatro-Real, Auditorio, locales en ayuntamientos, etc., sin asomar la oreja de color político. Él fue el culpable, de que me hiciera cargo de la gestión del teatro Muñoz Seca. Andrés Magdaleno, su anterior arrendatario, con su mujer Natalia Silva, habían abandonado la nave dejando su trabajo y su dinero enterrado en la plaza del Carmen. Servidor hizo lo que pudo durante diez años. Se salvó un local, que era de lo que se trataba. Mi experiencia como empresario venía respaldada, de haber llevado el MARTIN, BARCELO, y CLUB.
El destino de algunos del teatro, ha venido marcado por convertirse en empresarios de local; Tamayo, Lina Morgan, Martínez Soria, Luis Escobar, el maestro Guerrero y algunos lo han hecho muy bien.
Con el paso del tiempo, guardo un profundo reconocimiento al antiguo, director, subsecretario y rumoreado ministro, que al abandonar la política activa, descubrió su verdadera vocación; el arte de Talía lleva la dirección del teatro de Madrid de la Vaguada. Empresa nada fácil, por la exigencia en la programación. Garrido demuestra, que es buen tiempo para la lírica y yo, la veo feliz. Hombre equilibrado y con reconocido buen criterio, nos encontramos en reuniones nada frívolas, para mi desgracia. Su sensatez y rigurosidad dejan su impronta y se imponen en un mundo anárquico e insolidario. También cuando le apetece, hace sus aventuras, montando incluso musicales y actos culturales. Conseguir que el público sea feliz y se divierta durante dos horas, es un trabajo que merece la pena.
Lejos queda ya, la imagen de aquel político que se machacaba, dejando sus horas en el despacho de la plaza del Rey. Luchando con los músicos, los sindicatos, intentando sacar la ley de teatro y recibiendo palos por todas partes. En la actualidad es un ser dichoso, un caballero, los profesionales le quieren y lo respetan y para colmo, hasta hablan bien de él.
Con José Manuel mantengo una amistad verdadera. Nos vemos de tarde en tarde, que es lo bueno. Las amistades sólidas, se reafirman con la lejanía. Veo más a mis amigos de Nueva York, un par de veces al año, que a mis vecinos que no veo nunca. Garrido sigue conservando el sentido del humor y la barba. Las dos cosas que le hacen más joven y más inteligente. Nos reímos y hablamos de lo divino, un poco de lo humano y casi nada de teatro ni de política. Yo, de mujeres guapas y él respeta mi afición. Garrido es un lujo, para esta profesión llena de pillos, de advenedizos, marcas comerciales y tiburones incultos expertos en la búsqueda de subvenciones, que en nada benefician al teatro a la larga. Aquí unos cuantos vamos tras el arca perdida, digo el éxito perdido. En fin, que quería contar estas cosas de mi amigo José Manuel, al que deseo de todo corazón que se le pase la fiebre por hacer buen teatro y vuelva al ministerio, pero esta vez de ministro de Cultura, que es lo bueno y como se, que no es persona olvidadiza, me echará una mano con las subvenciones y me recomendará para dirigir un local, para mis cosas. Mientras tanto, nos seguiremos viendo de tarde en tarde y yo presumiré con su amistad.
TEMAS RELACIONADOS: