Opinión

Citas electorales en el Magreb (I): Argelia

Víctor Morales Lezcano | Viernes 13 de marzo de 2009
Desde las orillas del Mediterráneo hasta los confines del Sahara sudanés -a horcajadas éste entre cuatro países africanos (Mauritania, Mali, Níger y Libia)- se extiende la superficie de la república de Argelia.

Se trata de una superficie cinco veces superior a la de España, poblada por poco más de 36 millones de habitantes. Poco poblada, por tanto, se encuentra El Djazaïr, o ciudad de Argel, topónimo que por extensión se generalizó a este territorio, llamado también Berbería Central por navegantes, mercaderes y exploradores.

Esta república norteafricana -casi ocioso resulta recordarlo aquí- ha sufrido una historia tormentosa durante el último medio siglo de existencia nacional (1954-1999). Así, hubo una constatable guerra de liberación, que implica siempre una guerra civil, hasta los primeros años 60; tuvo lugar otra guerra de discordia nacional -larvada en principio, manifiesta más tarde- desde los últimos años 80 hasta la mitad de los 90. En puridad, todo un record. Y es aquí cuando se abre un tímido “claro” en el cielo de la Argelia contemporánea; justo cuando -hará pronto una década (15 de abril, 1999)- se celebró la elección a las presidenciales que abrieron la puerta a Bouteflika, con una tasa de participación (73, 8%) reveladora para una sociedad partida en dos: “hijos de la Francia”, o sector republicano, de una parte; islamistas, o sector insurrecto, de otro lado. En las páginas del libro de la historia encontraremos con cierta cadencia cíclica, la figura del pacificador. Los hay, claro está, más voluntaristas que realistas, como se puede comprobar con frecuencia; pero, en cualquier caso, aparece siempre la especie de voluntarios de la causa, exitosa o fallida.

Abdelaziz Bouteflika, que había sido ministro de Asuntos Exteriores en la era Boumediene (1963-1979), volvió a hacer acto de aparición en el horizonte de Argelia hace un decenio, fue revalidado luego en abril de 2004, y es en este momento el candidato por antonomasia a “repetir” en el desempeño de la más alta magistratura de la república argelina. Recuérdese que para que así fuese, hubo de procederse en el Parlamento a una refección constitucional que facilitara las cosas. O sea, la posibilidad de presentarse el mismo candidato a una tercera validación electoral.

En consecuencia, el próximo 9 de abril, Abdelaziz Bouteflika será, muy probablemente, reelegido para encarnar a la joven república que nació del Tratado de Évian en marzo de 1962.

El programa de partida del Presidente de la República argelina, tanto en 1999 como más tarde en 2004, perseguía dos objetivos meridianos: a) reconciliar a los habitantes de Argelia; b) amnistiar -selectivamente- a los islamistas detenidos y en prisión de resultas del paréntesis de fitna o gran discordia nacional que desató el resultado electoral de los comicios locales celebrados en junio de 1990, favorable al FIS (Frente Islámico de Salvación). Una vez más, se cometería “un error” (craso error), y algo más que un crimen por partida doble al ser también estrangulado el triunfo del FIS en las legislativas de diciembre del 91.

Ahora, en cambio, se presenta en el panorama del futuro inmediato de Argelia un horizonte más despejado para conseguir el enderezamiento de la economía, ya bastante restablecida gracias a las reservas de gas y crudo de sus yacimientos, y poder fortificar las reservas del Tesoro a través de un proceso de recuperación comercial que se está saldando con un superávit considerable.

El futuro de Argelia es previsible: ¿quién lo pone en duda?; aunque conviene traer a colación la conveniencia de aprender las lecciones del pasado para no caer de nuevo en la trampa de otrora. Para Argelia, ésta no creo que sea una admonición retórica, vacía de carga reflexiva, sino todo lo contrario.

Abdelaziz Bouteflika, el pacificador, es probable que termine de instalar airosamente la república de Argelia en la órbita de sus aspiraciones internacionales, aunque haya habido que recortar ciertos visos megalómanos de otra época, que contribuyeron a abrir el paréntesis oscuro de su trayectoria histórica. Ojalá que sea así, y se abra un futuro promisorio a la legendaria Berbería de otros siglos.

TEMAS RELACIONADOS: