Domingo 15 de marzo de 2009
De todas las manifestaciones que suelen colapsar la capital de España, la de ayer fue especialmente pacífica. Más que nada, porque quien salía a la calle en demanda de mejoras laborales era la Policía Nacional. Gente de orden, como se diría antaño. Y mucha. La convocatoria fue un éxito y la práctica totalidad de sindicatos policiales conjugaron una unidad de acción pocas veces vista en otros colectivos. Quizá porque les sobran los motivos para elevar su voz contra el Gobierno y, especialmente, contra el ministro Rubalcaba, a quien iban dirigidas la mayor parte de las críticas. Y no es para menos. Es un hecho que los salarios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no son precisamente elevados. Pero en el caso de Policía Nacional y Guardia Civil se producen además agravios comparativos con respecto a las policías autonómicas. Un “ertzaina” o un “mozo de escuadra” pueden ganar hasta 15.000 euros más al año que un agente de policía o un guardia civil por hacer exactamente lo mismo. Por no hablar de los medios con que cuentan en las distintas autonomías con cuerpos policiales propios, en mucho mejor estado que los de sus colegas nacionales.
Desde Interior se han apresurado a citar la tan recurrente crisis para recordar que el gasto público no puede incrementarse así como así. Con todo, no deja de ser curioso el sentido de lo público que tiene el señor Zapatero. De entre todos los servidores públicos que existen, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ocupan un lugar de vital importancia. Pero son pocos y además mal pagados. No ocurre lo mismo con otros cuerpos de la administración estatal -y sobre todo autonómica-, sobrecargados de funcionarios cuya carga de trabajo es inversamente proporcional a la trascendencia del mismo y a su elevadísimo coste salarial. Sirva como ejemplo la extensa nómina de funcionarios que durante el gobierno de PSOE y BNG han copado la administración gallega, sin que se sepa muy bien para qué. Eso cuesta dinero. Al igual que las “inversiones” -es un decir- que hacen determinados gobiernos autonómicos como el de Cataluña; la foto de Carod Rovira recibiendo una lanza de un indígena amazónico en agradecimiento por haberse gastado un millón de euros en promocionar lenguas vernáculas lo dice todo. No es una cuestión de gastar alegremente, sino de optimizar recursos humanos y materiales de forma racional. Lo que se malgasta por doquier serviría para otros menesteres mucho más provechosos. Como por ejemplo, dignificar las condiciones laborales de Policía y Guardia Civil, que bien lo merecen.