Opinión

El drama de los autónomos

Miércoles 18 de marzo de 2009
El señor Zapatero se reunía ayer tarde en la Moncloa con representantes de los autónomos. Y una de las quejas era precisamente esa, que les recibía tarde. Más de un año han tenido que esperar desde que el Presidente del Gobierno se comprometiera a recibirles y, a juzgar por los resultados del encuentro, da la impresión de que no han salido muy convencidos. De hecho, mantienen su convocatoria de protesta ante las puertas del Congreso de los Diputados para el próximo 26 de marzo, con el objeto de denunciar su precaria situación. No es para menos.

Uno de los principales motores de la economía española es la pequeña y mediana empresa, sector donde se están notando especialmente los devastadores efectos de la crisis económica. Un autónomo es su propio jefe. No se puede poner en huelga y tampoco quedarse en paro, ya que hasta 2011 -y no es seguro- no tienen derecho a subsidio de desempleo. Han de tributar por casi todo y la burocracia a la que tienen que hacer frente es exasperante. Para colmo, su desprotección en muchos casos es total. Al ser precisamente eso, pequeñas y medianas empresas, no tienen fuerza suficiente para evitar que los bancos les reduzcan la línea de crédito si vienen mal dadas, lo cual es poco menos que la sentencia de muerte para su negocio y, por ende, la destrucción de los puestos de trabajo que el empresario autónomo había generado. Por eso, hoy en día en España ha disminuido la iniciativa empresarial. Lógico. Tener una idea está profundamente desincentivado. Y, si no la única, qué mejor manera de paliar la crisis que generando riqueza y creando empleo. Eso es lo que hacen los autónomos. Ojalá fuera un sector más mediático. Así Zapatero les prestaría más atención. Que, por otra parte, bien la merecen: al menos, atraen la atención de este periódico que no tiene otro partido que el de la sociedad civil.

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