Olga González Alonso | Sábado 21 de marzo de 2009
Dicen algunas fuentes que la Administración gallega está paralizada desde que los gallegos decidieron con sus votos echar al bipartito de San Caetano y anexos. Que los altos cargos son difíciles de ver incluso en la cafetería del edificio administrativo desde el mismo dos de marzo, que los expedientes no avanzan y que no son pocas las empresas que se han quedado con cobros y encargos pendientes y que no consiguen que alguien se les ponga al teléfono cuando llaman para preguntar qué hay de lo mío.
Replica Touriño que no, que no hay parálisis de ningún tipo en la Xunta y que se está trabajando en las tareas propias de un Gobierno en funciones. Y, a la vista de lo que está ocurriendo, eso es justo lo que parece, que tenemos un Gobierno en funciones. En funciones teatrales, bailes y otros espectáculos.
Porque, por poner un ejemplo, la fiesta de millones que de golpe y porrazo se ha puesto a gastar la Consellería de Política Territorial en obras que no estaban previstas y que se han aprobado de repente no deja de ser un show. Que digo yo que muy de gobierno en funciones no debe ser decidir, cuando ya se tiene un pie fuera, liarse a hacer excavaciones, a mejorar carreteras, a adjudicar proyectos millonarios y a ejecutar otras grandes ideas que no se les habían ocurrido en toda una legislatura, qué caprichosa es la inspiración del gobernante. Cuatro años sin hacer prácticamente nada y ahora pretenden hacerlo todo de golpe, qué casualidad. Unas prisas que contrastan con las reticencias de los bipartitos rotos en empezar a bajar el telón de su teatro y agilizar las gestiones para el traspaso de poderes, algo que el partido que los sustituirá en un mes, día arriba día abajo, reclama para, entre otras cosas, conocer cuanto antes, precisamente, el escenario económico real, o sea, cuánto dinero van a dejar estos en las arcas públicas que, a este paso, no va a ser mucho.
Por su parte, los nacionalistas del bigobierno también le han cogido el gustillo a esto de las funciones, que ellos transforman directamente en guateques. La Vicepresidencia de Anxo Quintana, como a él le gustaba llamarla, acaba de adjudicar dos contratos, por un total de 132.000 euros, para la organización de bailes para mayores en dos zonas de la provincia de Pontevedra. Es decir, de esos fiestorros que tanto criticó el del BNG en tiempos de Fraga para después, en los suyos propios, prodigarse hasta la extenuación en darle a los pasodobles con la tercera edad.
Desde luego, no deja de llamar la atención lo carísimo que se ha puesto esto de reunir a los mayores para mover el esqueleto. Pero lo que más sorprende es descubrir, buceando en Internet, que una de las empresas adjudicatarias está especializada en la organización de despedidas de solteras con sus boys, sus cenas eróticas, sus copas y sus strippers, eso sí que es una visión moderna y desmelenada del entretenimiento para ancianos.
Vamos, que dice mi vecina la del quinto que si a su suegra, después meterla en aquella emboscada-mitin con el engaño de que iba de excursión a Portugal, la llevan a una de esas funciones pagadas por el gobierno en ídem con la promesa de que va a un baile y se encuentra con un show de tipos musculosos como los que aparecen en la web de la empresa de marras ofrecidos para “enloquecer a las mujeres”, le da un soponcio irreversible. Tan irreversible como el hecho, menos mal, de que este gobierno gallego en funciones y bailes será historia en poco tiempo.
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